Cómo cambiar algo para que nada cambie. Palabras más, palabras menos, en la esencia de esta frase del escritor Giuseppe Tomasi di Lampedusa está el desafío que deberá afrontar el alperovichismo de aquí hasta 2015. Llegar a mantenerse en el poder sin la posibilidad de que José Alperovich permanezca en el despacho de 25 de Mayo y San Martín puede resultar una tarea ardua. Aunque insistan públicamente en que “falta mucho” para las elecciones del año que viene y que la prioridad es seguir “trabajando fuerte en la gestión”, dentro de la Casa de Gobierno planean desde hace rato cómo deconstruir y reconstruir los espacios de poder.

“A muchos de los problemas políticos que tenemos, al menos los internos, no los tendríamos si hubiese re reelección”, reflexionó como al pasar en uno de los pasillos el senador Sergio Mansilla, uno de los hombres más cercanos al titular del Poder Ejecutivo. Al referirse -y cuestionar- la pequeña fuga “massista” corrió las cortinas del oficialismo y dejó entrever algunas de las dificultades que afrontan. El conflicto se planteó desde que Alperovich blanqueó en una rueda de prensa a fines de enero que no reformaría una vez más la Constitución provincial (impulsó la última enmienda en 2006) y que, por ende, no habría reelección indefinida para nadie. Ocurre que los espacios y alternativas en juego no abundan para los que cumplirán una docena de años en sus cargos. Todos dan casi por hecho que José Alperovich aspiraría a una senaduría, pero ¿y el resto? Los enroques estarán a la orden del día y la capacidad de negociación será una virtud en un escenario en el que sobrarán los interesados y faltarán las oficinas a las cuales postularse, afirman los encargados de los “armados”.

La mitad de los 49 legisladores no podrán postularse para retener su banca. Le pasará lo mismo a 18 de los 19 intendentes, al 40% de los concejales y a la mayoría de los 93 comisionados comunales. Hay intendentes que ya miran hacia la Legislatura; legisladores con pasado en intendencias que analizan candidatearse para volver a administrar sus ciudades y delegados que aspiran a que sus esposas les “cuiden” los cargos. También hay ex funcionarios que han “reaparecido” con la intención de ver sus nombres escritos en alguna boleta.

En el Gobierno saben que los principales problemas se darán en las segundas y terceras líneas. Pronostican que entre sus ocupantes, parados desde los acoples, se librarán las pujas políticas más cruentas. El alperovichismo se las ha ingeniado, sin embargo, para dejar pocas “viudas” en la última década. Siempre hubo una asesoría disponible o un ente adonde acomodar a los caídos. El ex titular de la Dirección de Arquitectura y Urbanismo (DAU), Miguel Brito, que ahora está nombrado en el Senado y unos 50 ex comisionados comunales que tienen cargos en el Ministerio del Interior pueden dar cuenta de ello. Una aparente construcción hábil del poder, dado que han sido pocos los que han dado un portazo. Los últimos fueron los legisladores neomassistas José Orellana, José Teri y Gerónimo Vargas Aignasse. Aunque esta semana escucharon ellos el “plaf” de la puerta del alperovichismo cerrarse definitivamente tras sus espaldas. “Si quieren, que se vayan”, los apartó el propio Alperovich. Las críticas que efectuaron a la gestión este mes cayeron pésimo al entorno del mandatario, que salió a pedir su alejamiento del bloque “Tucumán Crece”.

El tan justicialista concepto de “contención” fue aplicado a rajatabla en el resto de los casos. También hay un pequeño soplido que se cuela –esperanzado- entre las columnas del Palacio: el del recambio. Varios de los funcionarios más jóvenes –del riñón alperovichistas o bettistas- soplan con fuerza y se entusiasman con tener una chance para llegar a la Cámara.

El alperovichismo trabaja para acomodar todas sus fichas y para que en este año poder proponer a los votantes cambios que no cambien nada.