Se fue un mes difícil para la economía argentina, y arranca otro también complicado por el regreso a la actividad de varios sectores, públicos y privados, tras el receso veraniego. Los precios estivales han pegado un salto importante en el primer mes de 2014. Según estimaciones de consultoras privadas, la inflación de enero fue de entre un 3% y un 4%, pero los analistas advierten que en la medición de este mes se potenciará el efecto de la devaluación de la moneda argentina.

El dólar, a su vez, ha pegado un salto importante, tras los anuncios del Gobierno nacional acerca de la flexibilización del cepo cambiario. La divisa estadounidense, histórico refugio de los ahorros de los argentinos, no ha encontrado techo, mientras el Poder Ejecutivo ha intentado ubicar su cotización en torno de los $ 8 por unidad. Sin embargo, algunos sectores de la economía siguen teniendo como referencia el tipo de cambio “blue”, el que se comercializa informalmente, y que ha llegado a costar $ 13.

Así las cosas, la sensación que se ha creado en la sociedad argentina es que la economía se mueve al ritmo de la incertidumbre que causan los anuncios oficiales que luego se quedan en el camino y también por el fenómeno especulativo, potenciado por las dudas de lo que vendrá. En este sentido, urge que los distintos actores económicos y políticos del país se sienten a debatir los programas que la Argentina requiere para salir de esta situación, con planes monetarios y fiscales eficientes que tiendan a preservar el valor de la moneda nacional y, por ende, el poder adquisitivo de la población.

La Argentina ha protagonizado, hace un poco más de una década, una profunda crisis que ha llevado no sólo a la pérdida de confianza del país en el escenario internacional, sino también al empobrecimiento de sus habitantes, con pérdida paulatina del empleo y, por ende, con un crecimiento de los niveles de pobreza y de indigencia. Esa mala experiencia debe servir como un espejo, para que no se reflejen conductas del pasado que han causado una debacle socioeconómica imposible de borrar. Un estigma en la historia económica argentina.

Las autoridades deben propender a encontrar soluciones de fondo, con el aporte de distintos sectores, para hallar las soluciones, más allá de las cuestiones ideológicas. Este momento requiere de la participación ciudadana, del involucramiento, con el fin de combatir la especulación en aquellos casos en que se observe una suba de precios que no se condice con la realidad del momento. Los empresarios, a su vez, también deben aportar su granito de arena ante este escenario. Es sabido que, por la disparada del dólar, usualmente crecen los costos fijos. No obstante, una cobertura extraordinaria, muy por encima de las previsiones del negocio, pueden alimentar la especulación y, por ende, la inflación. Los argentinos han demostrado que están preparados para convertirse en pilotos de tormenta. El mundo financiero ha potenciado este concepto, particularmente desde Europa, en la que la mayoría de los países han entrado y están saliendo de recesiones casi similares a las que vivió la Argentina entre fines de 2001 y mediados de 2002.

La gimnasia o experiencia en tiempos tormentosos nos permite mirar el horizonte de otro modo, con oportunidades para encontrar la salida y salir de los problemas de política económica. A su vez, a la hora de los anuncios, los funcionarios deben ser lo más claro posible, de tal modo que una medida que se exponga un día, al siguiente no sea distinta. En los negocios, como en la vida, el factor confianza y ese capital denominado credibilidad hace que un proyecto o una idea prospere. Ese debe ser el punto de partida para que el Gobierno recupere el terreno perdido por el peso y para empezar a mirar, de otra manera, la inflación, que se come el bolsillo de los argentinos.