“¡La corriente, la corriente. No nos toqués!”. Esas palabras de súplica y exhortación de una de las víctimas aún retumban en la mente de José Gallardo. Este fue el primero en rescatar a Katerina, de 11 años, la única que no sobrevivió a un shock eléctrico masivo.
La pequeña murió el miércoles a la tarde al querer socorrer a su madre, que había sufrido una descarga eléctrica en su casa de El Manantial.
Las agujas del reloj marcaban las 18.10 cuando Evangelina Ortiz, de 42 años, cumplía con su rutina diaria mientras sus hijos se refrescaban en una pileta de lona. La mujer se dirigió al patio techado de la humilde casa e intentó colgar unas prendas que recién enjuagaba.
Socorrer a mamá
Fueron segundos fatídicos, ya que la mujer estaba mojada y no se percató de que el alambre galvanizado que hace de soga estaba en contacto con un cable interno de la luz. Al instante recibió varias descargas eléctricas. Los gritos de Ortiz llamaron la atención de sus hijos quienes salieron de la pileta y corrieron a socorrerla.
Primero llegó Joana, de 20, luego Ezequiel, de 13, Daniel de 12 y por último Katerina, de 11.
Como todos estaban mojados también se electrocutaron. Según las primeras pericias policiales, el peso de la ropa provocó que el alambre rozara con el cable de luz.
De inmediato un vecino, al escuchar los gritos desgarradores, se asomó por la tapia y encontró los cinco cuerpos tirados en el suelo.
“Me quedé duro. No sabía qué hacer. Di la vuelta y primero asistí a Evangelina. Luego junto a otra vecina comenzamos a hacer masajes en el pecho a los otros chicos”, relató Gallardo. Después corrió hasta la calle y cortó la corriente general. “Estaban todos enredados con el alambre”, describió.
“Como dormida”
Mientras llamaban a la ambulancia, el vecino cargó en su auto a Katerina y Ezequiel y los trasladó al hospital del Niño Jesús. “El chiquito se movía un poco y antes de llegar al hospital reaccionó, pero ella no. Estaba como dormida”.
Antes de ingresar al centro asistencial, Gallardo la tocó y “estaba helada”. Los médicos aseguraron después que llegó sin vida.
Según los vecinos, la ambulancia del 107 llegó una hora después y trasladó a la madre y a su hija Joana al hospital Centro de Salud. Todos, menos Ezequiel, fueron dados de alta en la madrugada y mañana de ayer. Daniel, por su parte, no necesitó ser hospitalizado.
El dolor y la congoja se posaron sobre la humilde vivienda de la calle Cristo Rey al 1.300 de El Manantial. Los rostros de familiares, vecinos y amigos describían desazón, tristeza y resignación. Los heridos descansaban en uno de los cuartos. Pedro, el padre de Katerine estaba realizando el doloroso trámite para retirar el cuerpo y velarlo. Sus otros hermanos se mantenían tranquilos pero fatigados. “Era una nena tranquila. Le gustaba mucho ir a la escuela y jugar con sus amigas”, comentó Juan José, uno de los hermanos. Ahora su familia tendrá que aprender a vivir sin ella.