El río de los gremios estatales suena, pero en el Gobierno provincial parecen no oír el ruido de las piedras que prometen asestar otro golpe a la administración alperovichista.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Los funcionarios del Poder Ejecutivo parecen dispuestos a hacer gala de ese refrán: menospreciaron el reclamo policial y el caos reinó durante dos días en la provincia. Ahora, los gremios estatales embravecen cada vez más sus protestas y nada se hace desde la Casa de Gobierno para apaciguar las aguas.

El pez por la boca muere, dispara otro dicho popular. Alperovich quedó preso de sus palabras. Fue él quien anuncio que no reabrirá las paritarias porque se firmó un acuerdo salarial anual con los estatales, pero olvidó que sí renegoció sueldos con los policías en rebeldía. Esa frase enardeció aún más los ánimos de los sindicalistas, que ahora hasta amenazan con paralizar el Dakar en su paso por Tucumán. Sería un tremendo papelón mundial.

A río revuelto, ganancia de pescadores. Ese pareciera ser el nuevo eslogan de varios popes gremiales. Supieron estar calladitos durante casi toda la década alperovichista, pero ahora ponen el grito en el cielo. Los policías les abrieron la puerta: la debilidad que mostró el Gobierno los envalentonó y el aroma a fin de ciclo los lanzó a las calles. El Ejecutivo padece de un desconcierto tal que el descontrol no es ajeno ni a propios ni a extraños ni a aquellos que supieron resguardarse bajo el ala oficialista. Ahora vislumbran una chance de pelear por algo más y de recuperar el crédito que venían perdiendo como representantes de los trabajadores del Estado que siempre se conformaron con lo que les ofrecieron. Basta recordar que esa inacción fue la que permitió, por ejemplo, la aparición del Sindicato de Trabajadores Autoconvocados de la Salud (Sitas).

No hay mal que dure 100 años. Ni gobierno que se extienda tranquilo por más de una década, habría que añadirle al refrán. La decena de años en el poder no le sentó bien a Alperovich. En 2013 sintió una sangría de votos, comenzaron a alejarse varios dirigentes de su espacio, en el PJ empezaron a tejer candidaturas sin su presencia y la violencia se apoderó de las calles en la antesala de las Fiestas de fin de año. 2014 comenzó con gremios enojados y con vecinos molestos por los cortes de luz y de agua. Para colmo, el gobernador parece ausente. Insiste con sus recorridas diarias y con el contacto con la gente, pero a su alrededor son varios los funcionarios de primera línea preocupados por la pasividad de su líder para resolver cuestiones clave.

Los hermanos sean unidos / Porque esa es la ley primera / Tengan unión verdadera / En cualquier tiempo que sea / Porque si entre ellos pelean / Los devoran los de afuera. La sapiencia de José Hernández en la personificación de Martín Fierro tampoco fue transmitida a los hombres de Alperovich en el Poder Ejecutivo. Hay funcionarios que se hablan poco y nada entre ellos; otros que sí lo hacen, pero con diálogos cínicos y dañinos, y algunos que apuestan fuerte al fracaso del otro. La consigna que prima no es la de la unidad en la búsqueda del bien común o de la defensa del Estado, sino la del sálvese quien pueda, que las papas queman.

Quien siembra vientos recoge tempestades. El alperovichismo sufre por estos días las consecuencias de sus malas decisiones y de su soberbia. En sus años de gestión, el grupo liderado por el gobernador sumó alianzas sobre la base del dinero, a los favores o al apriete. Por ello, ahora soportan el vacío de muchos que esperaban ver débiles a aquellos que los dejaron de lado o que los sumaron con menosprecio. La carencia de un alma política-ideológica es la tempestad que acosa a Alperovich.