El stand up comedy es un género transgresor del escenario, surgido de los bares y suburbios norteamericanos en la década del 50 y heredero del vodevil trashumante de EEUU. Textos breves que juegan sobre situaciones cotidianas, con guiños al espectador y el oído atento para la respuesta del público, que muchas veces modifica y altera el guión original planteado por el monologuista.
Desde mediados de año, la comedia de pie (como es su traducción del inglés) se instaló como una opción para el público local, todos los miércoles en el bar Irlanda. Esta medianoche, dos de los pioneros tucumanos, Gustavo Delgado y Hugo Rosas cerrarán su exitoso año con una función especial en El Árbol de Galeano (Virgen de la Merced 435). Estarán acompañados de Huerto y Martín, dos alumnos avanzados de sus talleres. Delgado y Rosas comparten tanto la actuación como los tribunales, ya que ambos son abogados.
“Está naciendo una identidad tucumana de stand up, para hablar de lo que nos pasa con el clima, la gente, el paisaje y los gobernantes. La línea que sigue es más pausada que la vorágine que imponen los porteños. Por ejemplo, Miguel Martín tiene esa técnica”, explica Rosas. Delgado, en cambio, es más contundente: “hay un stand up a lo tucumano, porque sin entrar en cuestiones estrictamente regionales, se tiene un estilo y un ritmo propio”.
Hablar desde uno
Como en sus orígenes en EEUU, el relato de los actores en escena surge de la observación social de sus entornos, con la idea de criticarlos racionalmente. Pero la escuela latinoamericana del género, aclara Rosas, los lleva a la introspección y a hablar desde lo personal: “a futuro me propongo sacar todo desde adentro en vez de mirar a mi alrededor, porque ya es hora de dejar de cuestionar a la sociedad y de hacerlo conmigo, de reírme de mis miserias y de mis males”.
“Uno puede contar anécdotas y situaciones cotidianas sin caer en el tucumano básico, y acercarse a cualquier persona. Mi número habla de las características personales, de ser morocho, de todo lo que a mí me pasa a partir de esas características y de cómo la sociedad te impone esa identidad por actitudes. Juego con los apellidos: un buen apellido te aclara la piel y otro común te la oscurece, aunque tengás un nombre importante”, agrega Delgado.
La ventana del humor es la que les permite romper con la primera lectura dolorosa de los hechos y aprender a divertirse con ellos, en la búsqueda de que el público se identifique con las situaciones descriptas. “Así logro decir algo que, sin humor, no podría. Puedo hacer un fuerte contacto conmigo y, de allí, sacarlo a la sociedad para influenciar de manera distinta al típico cuesta chistes”, puntualiza Rosas, aunque puntualiza que hay temas imposibles de abarcar en este momento, como los recientes saqueos.
Delgado identifica tres clases de públicos: los que no sabían qué era el stand up; los que conocían el género, pero nunca habían visto un espectáculo en vivo, y los curiosos que van al bar y se quedan a disfrutarlo.
Para todos ellos es el convite a reírse de lo que nos pasa a diario, arriba o abajo del escenario.