BIOGRAFÍA

FRANCISCO. EL PAPA DEL PUEBLO

MARIANO DE VEDIA

(Planeta – Buenos Aires) 

El 13 de marzo último hubo una sorpresa mundial, cuando minutos después de verse la fumata blanca en los altos del Vaticano, el veterano cardenal protodiácono Jean Louis Tauran anunció con temblorosas palabras en latín que el nuevo Papa era el argentino Jorge Mario Bergoglio.

La sorpresa fue aún mayor en el país del sucesor de Benedicto XVI, puesto que casi no figuraba entre los papables. Asomaba sólo tenuemente, con una modesta cuota de posibilidades, dentro de pronósticos en los que sobresalían -y la prensa lo había planteado reiteradamente- candidatos de Italia, Alemania, Francia, los Estados Unidos y Brasil, lo cual reconoció el mismo Bergoglio cuando en su alocución inicial hizo notar -con una gracia muy personal- que sus “hermanos lo habían ido a buscar al fin del mundo”. Y de la misma tonalidad -provocando una multitudinaria ovación- resultó su pedido, formulado directamente a Dios, para que “los perdone por lo que acaban de hacer”.

El nuevo pontífice exhibía varias singularidades: era el primer argentino y el primero de América latina; el primero que provenía de la orden jesuítica; el primero que adoptaba el nombre de Francisco, y el primero que no dudó en declarar, como asunto al que debía darle realce, que era simpatizante “desde siempre” de un club de fútbol: San Lorenzo de Almagro.

Biógrafo adecuado

Mariano de Vedia contó con factores muy favorables para encarar esta biografía de la nueva máxima figura de la Iglesia Católica: un amplio conocimiento de la trayectoria de Bergoglio, las entrevistas mantenidas con él y una dedicación específica, en buena parte de sus más de 30 años como periodista del diario La Nación, referida a la información y el análisis de la actividad eclesiástica.

Los diez capítulos del libro han sido elaborados como tramos de una escalera que conduce paulatinamente a un hombre hacia un destino trascendente desde su nacimiento, el 17 de diciembre de 1936, en el barrio porteño de Flores.

Con atractivo desarrollo, De Vedia relata detalles de la infancia y la juventud de Bergoglio, su temprana afición por el fútbol y el básquet (más por el primero), unida a inquietudes de otro carácter, como la lectura de los clásicos griegos, de Alighieri o Hölderlin y, más tarde, de nuestros Borges, Sabato y Marechal, incluyendo incursiones en obras de autores de izquierda.

Aún siendo adolescente, concretó su aspiración de ingresar en el sacerdocio y optar, luego, por la Orden Jesuita, en la que alcanzaría un reconocido liderazgo que lo situó, a partir de 1998, al frente del Arzobispado.

Pero más allá de la nutrida exposición de hechos anecdóticos, políticos o vinculados con la docencia (ejercida en el histórico Colegio de La Inmaculada, en Santa Fe, la Universidad del Salvador, en Buenos, Aires, y el Colegio Máximo, de San Miguel), el biógrafo destaca el infrecuente estilo papal, no sólo por su sencillez, su buen humor, sus hábitos o la forma de dialogar con creyentes y no creyentes, sino en cuanto al énfasis que en cada manifestación expresa respecto de los cambios que se propone instrumentar en la Iglesia y la definitiva importancia que le asigna al tema de la pobreza.

© LA GACETA

Willy G. Bouillon