Estábamos en la primera clase de Griego. La profesora, Klara Sterbik, vinculaba las palabras de ese idioma que pasaron al castellano, y sus significados: “...de psijé (alma) viene la palabra psicología...”, decía, y en ese instante un compañero la interrumpió: “profesora, ¿sabe qué decía Borges de escribir la palabra sicología, sin ‘p’?”. -“No, ¿qué decía?”. -“Que era como poner la palabra en camiseta y calzoncillo”, le contestó el compañero, con la idea de que la cita falsa de Borges rompería la seriedad de la clase. La profesora de Griego, que era solemne hasta el paroxismo, se quedó muda, lo miró fijamente dos segundos y luego, sin hacer comentarios, prosiguió su clase: “otras palabras que vienen del griego son...”.

La frase viene a cuento porque cada vez más el lenguaje viene siendo asediado por el habla cotidiana y coloquial y el debate estalla cuando la realidad, que se muestra dura y expresiva, sin acentos, con palabras cortadas a lo tucumano, desafía la capacidad de edición en los diarios. Sobre todo porque en las redes sociales se aparece cruda, “en camiseta y calzoncillo”, sin censuras ni interpretaciones, con la espontaneidad de los niños y los borrachos.

Así, el criterio de los editores del diario en papel suele ser que importa el contexto (por ejemplo, el domingo publicamos un insulto de vecinos temerosos de saqueos), o bien se impone la fuerza de la figura del que lo dice, como cuando Cristina lanzó un exabrupto acerca de los pomos, a propósito de la tarea que cumplían dos jóvenes en una fábrica de pasta dentífrica. ¿Se pasó de rosca Cristina? Es parte del debate de la realidad, que está cambiando. Hace poco Juan Gelman eligió como representativa de los argentinos la palabra “boludo” y con ello terminó de limarle la pátina de procacidad que le quedaba, luego de más de una década de que los adolescentes la hayan usado mucho para expresar de todo, y poco para insultar.

No obstante, y aunque sea Cristina la que expone sin pudor una expresión informal, siempre queda un resquemor y en los diarios nos vamos dando cuenta de que cada vez más entra el lenguaje descontracturado, y hasta la mala palabra, para darle otro significado a la cáscara solemne de la comunicación. Para algunos es la liberación. Para otros, es ver el lenguaje caminando por la calle en camiseta y calzoncillo.