En la redacción se respiraba otro clima. La amargura y angustia que habían generado los saqueos en nuestra provincia quedaron atrás. Nadie, pero nadie, se imaginó que la violencia volvería a ser tema de conversación y de tapa. Y otra vez, como ocurre desde hace bastante tiempo, vino de la mano del fútbol, ese deporte que todos amamos y que en los últimos tiempos, por culpa de los bestias que se hacen llamar hinchas, se transformó en un campo de batalla.

Pero además de la muerte de un joven de 16 años, el caso tomó mayor dimensión cuando se supo que los familiares de la víctima dañaron el hospital de esa ciudad, la comisaría y hasta agredieron al intendente Agustín Fernández. El funcionario prefirió mantener silencio en vez de aclarar el por qué de semejante escalada de violencia que ya cobró la muertes de dos jóvenes que tenían toda una vida por delante.