Llantos. Pedidos de perdón. Reivindicaciones. Juramentos de inocencia. Clamores al Tribunal. Y hasta una broma inoportuna. Las voces de los imputados cerraron la penúltima audiencia de la megacausa “Arsenales II-Jefatura II”. Once de los 41 pidieron ejercer su derecho a pronunciarse por última vez antes de la sentencia por crímenes contra más de 200 víctimas, que el Tribunal Oral Federal (TOF) dictará el viernes.
Los discursos fueron variopintos: los hubo encendidos y de enojo y también calmos y de angustia. Sucede que la gran mayoría de los acusados es la primera vez que serán juzgados por delitos de lesa humanidad. A excepción de los ex policías Luis De Cándido (condenado en Jefatura I, en 2010) y Javier Figueroa, los que hicieron uso de la palabra fueron incluidos en la causa por su presunta participación en los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención y exterminio del Arsenal “Miguel de Azcuénaga” y en otros más pequeños ubicados al sur de la provincia.
Juramentos y una chanza
De chomba clara y zapatillas, volvió a la sala tras meses de seguir el debate mediante una pantalla. El escribano Juan Carlos Benedicto fue el único de los cuatro civiles sospechosos que habló ante los jueces Carlos Jiménez Montilla, Gabriel Casas y Juan Carlos Reynaga. Con la voz temblorosa, reiteró su inocencia (la había manifestado en noviembre, al inicio del debate). “La verdad que no tengo nada ver con estos hechos de los que se me acusan. Soy ajeno a todo, no tengo nada que ver. No tengo ninguna relación con esto. Es todo lo que tengo que decir”, expresó en su escueto paso frente a los magistrados.
La Fiscalía lo acusó como presunto miembro de una de las “patotas” encargadas de secuestros y torturas de detenidos, sobre todo, en el centro clandestino conocido como “El Reformatorio”. Le adjudicaron los delitos de presuntas asociación ilícita, tormentos y homicidio (el de Gustavo Fochi). La figura de Benedicto había tomado notoriedad porque tras ser detenido, a fines de 2010, se fugó en 2011 y estuvo seis meses oculto en Encarnación, Paraguay.
El ex militar y abogado Daniel De Urquiza declaró en el Penal de Ezeiza (Buenos Aires), desde donde un grupo de ocho imputados siguió las audiencias durante todo el año. Caracterizó al público, integrado por familiares de desaparecidos y de imputados, como “doliente”. “Pido perdón por cualquier tropelía, por acciones u omisiones por parte del Ejército. Tengo el honor de ser oficial”, afirmó. Recordó que peleó en la guerra de Malvinas y concluyó su discurso reivindicando las islas como argentinas.
Ariel Valdiviezo, ex militar, también desde Ezeiza, proclamó su inocencia. “No tengo de qué arrepentirme, porque nada hice. Estoy orgulloso de haber combatido al enemigo. No maté a nadie, sólo cumplí ordenes”, sostuvo.
El ex gendarme Tomás Güemes cargó responsabilidades a sus superiores. “Las semillas de aquellos jóvenes llamados idealistas germinó y hoy ocupan cargos públicos nacionales”, afirmó.
Ramón Cooke, ex militar, sólo manifestó su inocencia.
Con un manuscrito en su mano, el ex gendarme Celso Barraza se presentó frente al estrado. “Quiero expresar mi inocencia. Llevo 40 meses detenido por un simple abuso deshonesto. Soy inocente y pido que se haga justicia”, concluyó.
“Nunca he matado, robado o maltratado a nadie”, afirmó de brazos cruzados y con voz radial el ex gendarme Benito Palomo. Luego, agradeció la labor de los defensores oficiales.
“Puedo ser condenado por un delito que no cometí. Peor no quiero que se ensucie mi honor. Juro por lo más sagrado que tengo, mi esposa y mis ocho hijos y 15 nietos, que no cometí ningún delito en mis 78 años. Quiero rendir homenaje a todos los muertos”, el ex miembro del Ejército, Hugo Soto.
Figueroa se quebró ante el Tribunal al mencionar a sus familiares: “declaro ante Dios y su señoría; mi familia y mis descendientes que soy inocente de toda la acción antijurídica penada por la ley que se me impute. No tengo más nada que decir”.
De Cándido fue quien más permaneció en el banquillo. Con tonada cordobesa, repasó una dura historia familiar, defendió a ex policías imputados, aseguró que él había bautizado al SIC (Servicio de Informaciones Confidenciales) y mantuvo un insólito diálogo con el presidente del TOF. “Llevo 10 años pagando por algo que no cometí. Vivo en una celda con letrina. Teníamos un jefe, un comisario general que era responsable ¡Jamás lo vi dar la cara! Hay un montón de compañeros que serán juzgados sin haber tirado un tiro”, consideró en un primer momento. Después relató una detención de un que habría efectuado, dijo, por pedido de la madre del joven que apresó. “Era el armero del ERP en el cerro. Me dijo cómo mató al capitán (Antonio) Viola”, añadió. Por el apodo que aportó, se trataría, en realidad, de un adolescente secuestrado que figura como víctima en la causa “Operativo Independencia”.
Antes de retirarse, De Cándido le habló a Jiménez Montilla: “usted seguirá en la A y nosotros en la B Usted me entiende”. El juez sólo lo miró. “¿Me entiende?”, le inquirió. “La verdad que no”, respondió el magistrado atónito. Los presentes quedaron en silencio. “Me refería a San Martín ¡Estamos en la B”, bromeó sorpresivamente y generó algunas risas.
Durante la tarde del jueves y la mañana de ayer, las querellas y el Ministerio Público Fiscal (MPF) habían presentado sus réplicas y los defensores, las dúplicas a éstas. Hubo fuertes cruces por los pedidos de inconstitucionalidad de la imputación por asociación ilícita y por los pedidos de condena a perpetua; de exclusión de testigos clave y de nulidad parcial de los alegatos de los fiscales.