Y un día, el velo se corrió. Pero de una manera tan abrupta que el productor ejecutivo del reality “Indec” ya no pudo ocultar. Como en la película “The Truman Show”, el protagonista descubre que la manipulación ha sido una constante en su vida. Y ya nada será como ayer. Nada. Una sucesión de hechos desafortunados, pero previsibles, conduce a los argentinos hacia el mundo de lo oneroso, pero no porque haya crecido exponencialmente la riqueza ciudadana. Sino que el Gobierno (en todas sus facetas) ha decidido que la suba de los impuestos es la vía más directa para financiarse. Frente a las críticas y los cuestionamientos, los funcionarios se atajan bajo el argumento que los servicios esenciales deben ser más eficientes y que requieren inversión para darles mayor calidad. Todo bien pero, ¿alguien puede dar fe de que el servicio de seguridad es mejor que ayer con más policías, más patrulleros y más pertrechos?

Tal vez el ministro de Economía, Jorge Jiménez, tenga razón al decir que han invertido más en educación y en salud pública. Tal vez haya más infraestructura hospitalaria y mejor instrumental. Pero, ¿es justo que un ciudadano común vaya al hospital público a sacar turno con el primer canto del gallo y no logre el objetivo?

Los ciudadanos quieren que sus impuestos vuelvan en obras. Es la ley primera. Precisamente, quien paga un tributo lo hace bajo el convencimiento de que se cumplirá la máxima. Pero todo tiene un límite. Y, las últimas medidas, han convertido al universo de contribuyentes en una suerte de olla a presión. Aumentos por doquier, aún superando el porcentaje de reajuste de los salarios, obtenidos en las últimas paritarias. El Estado se ha convertido -hace tiempo- en una suerte de “pac-man” que todo se lo debora. El titular de Economía dice que en la Argentina se paga el impuesto Inmobiliario más bajo del mundo. Pero, ¿eso da derecho al Estado a subirlo con índices superiores a los del propio Indec que tanto defiende?

La clase media siempre ha sido castigada por la actual gestión. Acostumbrada a atesorar dólares como refugio de sus ahorros, desde fines de octubre de 2011, el fisco ha decidido de que tener divisas extranjeras guardadas bajo el colchón es pecado. Pero poco hace contra los peces gordos que han fugado divisas. Lo malo también es la ostentación. ¿Por qué un ciudadano argentino que paga sus impuestos no puede gozar de una vacaciones en Brasil, Chile o Uruguay, mientras un funcionario puede salir -sin más contratiempos- a recorrer el mundo sin temor al cepo? Es el viejo adagio del ser, estar y parecer. Pero, siempre hay un pero.

La clase media tampoco podrá renovar el auto tan fácilmente. Ahora la suba del 50% de la alícuota a los automóviles de alta gama no es una medida que tienda a que tributen más los que más tienen. Esa decisión tendrá un efecto multiplicador. Y hacia abajo. Se encarecerá el mercado automotriz y las posibilidades de renovación de las unidades serán una utopía. Ah, y los vendedores esperan que, una vez que se convierta en ley, la reglamentación del incremento impositivo para automóviles de alta gama digan que el tope seguirá siendo de $ 170.000. Y que no se tomará en cuenta la financiación. De otro modo, más modelos caerán bajo el impuestazo.

Como en el reality “The Truman Show”, el protagonista observa que -detrás de cada tormenta- hay una escenografía ficticia que está cayéndose de a pedazos. Y que al productor ejecutivo le está costando explicar qué es lo que sucede. Si hasta hace un año todo estaba sobre ruedas. Es que la realidad es más fuerte que aquel programa montado bajo el guión del Indec.