Mónica Maud ha publicado varios libros, es profesora, ejerce la crítica literaria. Ha cultivado la novela, el cuento, la poesía y el microcuento. También dirige el suplemento cultural de Nuevo Diario, en Santiago del Estero.
Con esta carta de presentación, Mónica Maud conoce bien la importancia del idioma, el gusto por una prosa esmerada y en esta recopilación de cuentos, la escritora logra ofrecernos un universo narrativo de gran calado existencial, donde prevalecen las historias que llegan a los sentidos como la que inicia el libro, As de corazones, donde podemos paladear el placer de la sensualidad que la autora nos ofrece. Con el tema de fondo del caballero que pervive esperando la realización del amor, a través de la pintura, Mónica Maud nos ofrece un cuento hermoso donde late la sensualidad y el romanticismo de la autora.
También en Sacrificio, notamos el poder del tiempo, el deseo de nuevo, en esos cuerpos entregados al amor, con el trasfondo de la muerte entre ellos.
Especialmente interesante es el cuento titulado Javier Cortéz, ya que nos presenta a un personaje perturbado, pero que esconde un pasado que ha de desentrañar, hombre que busca su origen, en la fantasmagoría del tiempo, como si la escritora hubiese trazado un relato borgiano, lleno de luz y de sombra. Cito unas líneas de ese interesante y revelador cuento:
Sufren los que cavilan, quienes pueden discernir las calzadas que se atraviesan, los amores que se pierden y los que no pudieron ser, la honra que se mancilla. Sufren y se desmoronan al distinguir las sombras del olvido, cuando perciben a Cronos en sus pieles. Sufren los conscientes del desquicio y de la cordura…
Sin duda, el otro lado de los seres, su luz interior, donde viven los espejismos de la razón y que la escritora, en esta aventura literaria tan apasionante (dar voz y luz a seres idos, rotos por la vida), va logrando. Su talento narrativo ahonda en esos espacios donde vive la locura y la cordura, en esas sombras y luces que estos cuentos van desvelando, como tapices de la vida, lienzos que debemos mirar con atención porque esconden una gran mirada, una observadora del mundo que la rodea.
En la prosa de Mónica Maud vive la buena narrativa argentina, la lucidez de Sabato, el mundo de espejismos de Borges, la prosa intrincada y poderosa de Cortázar, pero también el mundo de Poe, su mundo gótico, el círculo del infierno de Dante y tantos otros, lo que hace que la escritora sea ya un puente hacia muchas lecturas, de calado universal.
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Pedro García Cueto