Por Diego Jemio - Para LA GACETA - Tucumán

Mencionar a Dante Panzeri da prestigio y se lo usa para legitimar cualquier análisis. El título de uno de sus libros, Fútbol, dinámica de lo impensado, es citado como un aforismo por periodistas deportivos que casi no lo leyeron. En 40 años de trabajo, el rosarino escribió en El Gráfico, El Día, Satiricón, Chaupinela y La Opinión, entre otros medios. Además, tuvo columnas en programas de radio y televisión. Se calculan unas 15.000 colaboraciones, de las que sólo se conoce una ínfima parte, además del libro citado y de Burguesía y gansterismo en el deporte.

En Dante Panzeri. Dirigentes, decencia y wines, el compilador Matías Bauso hizo un excelente trabajo de archivo, selección y análisis de artículos representativos del estilo y de los temas que más le preocupaban al periodista. Están las reflexiones más serenas y los artículos más urgentes, escritos luego de algún partido. El título también es otro hallazgo. Alguna vez, Panzeri dijo: "Al fútbol de hoy le faltan tres cosas: dirigentes, decencia y wines".

En las más de 500 páginas del libro, aparecen la gran lucidez y el dogmatismo de este periodista deportivo que odiaba el boxeo y entrevistar a los atletas ("su lenguaje es el del cuerpo y no el de las palabras", decía). Sus visiones del fútbol, la aversión por el resultadismo de Zuveldía, la carencia de wines, la mentira del fútbol moderno y hasta un apartado de críticas de espectáculos son algunos de los puntos más salientes de un libro imprescindible para cualquier estudiante de periodismo.

Un cabrón valiente

"Panzeri era un cabrón. Tenía un carácter complicado. Era, también, testarudo, implacable, rígido, algo dogmático, obsesivo y difícil de llevar", lo define Bauso. Este periodista que duraba poco en sus trabajos era también un tipo valiente. Uno de los capítulos está dedicado al Mundial 78, con una selección de artículos -algunos inéditos- en los que advierte sobre el despropósito de organizarlo. Decía que el país tenía otras necesidades, que Argentina no iba a ser mejor luego del torneo y que el poder iba a aprovechar burda y demagógicamente el torneo.

"Todos los orígenes doméstico-infantiles de nuestros acostumbramientos a vivir afanándonos a nosotros mismos determinan que queramos hacer el Mundial 78, aún a sabiendas de que nos va a ir muy mal, especialmente si lo ganamos. Porque lo vamos a ganar al estilo del Martín Fierro y el Viejo Vizcacha. El pueblo sabe que el mundial le costará sangre que le está faltando para regar sus venas", escribió en 1975, cuando todos festejaban la designación. A 35 años de aquel Mundial, el tema sigue vigente. ¿Acaso no se está discutiendo lo mismo hoy en un Brasil convulsionado por las protestas?

Con un estilo barroco y una escritura agresiva e impiadosa, la obra de Panzeri va más allá del análisis del deporte con una gran riqueza conceptual. Fue un gran cronista de su época, un llanero solitario que denunciaba los chanchullos, un tipo que criticaba a un campeón porque era mediocre, un escéptico visceral. Un tipo digno. Lo que no es poca cosa en los tiempos -y en el periodismo- que corren.

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Selecciones *

Por Juan Villoro

Distingo entre la Argentina de Maradona y el Brasil de Pelé. El Brasil de los 70 es un verosímil campeón aún sin Pelé. Era un equipo balanceado. Pierre Paolo Pasolini distinguía entre el Fútbol de prosa y el de poesía. Este último era el caso del Brasil del 70: ahí rimaban todos sus jugadores. La Argentina del 86, en cambio, es un equipo que tuvo al mayor líder de la historia de las canchas: él podía transfigurar a un equipo entero. México, en cambio, tiene a la selección del país sin figuras porque es una sociedad que desconfía del que se destaca. Allá es una responsabilidad más incómoda anotar el penal que fallarlo. Acertar desentona, mientras que fracasar se asemeja a lo que se ha sido siempre. Hugo Sánchez nunca fue un líder querido: su éxito era una afrentosa forma de ser distinto.

* Fragmento de un texto publicado originalmente en estas páginas en 2010.Le decían "El Gordo". Era un hombre portentoso, fumador incorregible, devoto de los gatos y por demás fanático de San Lorenzo. En su infancia soñó con jugar en la primera división. El fútbol era el eje en su vida preadolescente. Nunca pudo cumplir aquel sueño, pero usó su talento literario para acercarse al mundo de la pelota.