-Hola, hola Tucumán. ¿Me escuchan bien?¿Me escuchan?

-Hola, hola, sí los escuchamos. ¿Me escucha Buenos Aires?

El productor de la cadena nacional trataba de poner a punto la conexión con Tucumán. El gobernador José Alperovich respondía la consulta, sentado al lado de su delfín, el electo diputado y ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur. Fue la puesta en escena de la ofrenda de un triunfo electoral del Frente para la Victoria (FpV) en la provincia aunque, en los hechos, los 100.000 votos de diferencia no fueron suficientes para romper el empate, en dos bancas, con el Acuerdo Cívico y Social. El vicepresidente en ejercicio de la Presidencia, Amado Boudou, fue el encargado de darle pie a Alperovich. Sin embargo, en el camino se cruzó el camporista Juan Cabandié, que saludó al mandatario y a Manzur. "Muchas gracias por el apoyo. Sacamos el 47% de los votos después de 10 años de gestión", indicó el jefe del Ejecutivo tucumano, que se lo dedicó a Néstor Kirchner (ayer se cumplieron tres años de su fallecimiento). Manzur completó la conexión con un "gracias Néstor" y un "Fuerza Cristina".

Desde muy temprano, no muy convencidos, los oficialistas abrían el paraguas acerca de una elección difícil para el FpV, que se definiría dentro del margen de error estadístico de las encuestas (incluyendo la que elaboró Poliarquía Consultores para LA GACETA). Y, como en las PASO, muchos de ellos hablaron de un pecado capital: la derrota en San Miguel de Tucumán. La ausencia del intendente Domingo Amaya en la Casa de Gobierno alimentó rumores acerca de los "correctivos" hacia el futuro. Alperovich hizo silencio al respecto. Y fue muy medido en todo. Desde que ingresó a su despacho, a las 21.50 de ayer, hasta las 23.15, cuando LA GACETA le preguntó respecto de la ausencia de Amaya (anoche prefirió no atender el teléfono) y él contestó con un "chau".

Sólo una hora y 25 minutos se extendió el festejo organizado en el Palacio de Gobierno. Allí, el Ateneo de la Militancia, liderado por Sara Alperovich, gritó y cantó la marcha peronista. En Plaza Independencia sólo se apostó una columna del Movimiento de Unidad Popular (MUP).

"Es bueno tener una oposición. Quiero felicitar a la Unión Cívica Radical por esta elección", exclamó Alperovich, cerca de las 21.40, en el Salón Blanco, flanqueado por Manzur y por el otro diputado electo, Osvaldo Jaldo ("Alperovich es el mejor gobernador en la historia de Tucumán", gritó el actual ministro del Interior). Si no se baja alguno de ellos, La Cámpora no tendrá representante tucumano en el Congreso Nacional.

Y Alperovich continuó con su discurso. "Es lo mejor que nos puede pasar en un sistema democrático, una alternancia. Uno necesita oposiciones". "Hay medios que dicen que hemos perdido porque perdimos un diputado. Esos medios trabajan para la oposición. Una elección se gana por un voto", se despachó luego. Su esposa, la presidente provisional del Congreso, Beatriz Rojkés, repitió estas últimas siete palabras. El oficialismo unificó el discurso, pero no pudo evitar la polarización de los comicios porque el voto "útil" fue al radical José Cano y no se dispersó en el resto de los candidatos. Esa fue la evaluación que hicieron anoche algunos oficialistas con análisis más frío que los que suelen acompañar al gobernador.

¿Por qué Alperovich y sus candidatos no tenían cara de derrota? Sencillamente porque, pese a que no obtuvo tres bancas en Tucumán, el kirchnerismo retuvo la mayoría en el Congreso. Eso disimuló un empate, con sabor a derrota.

ANÁLISIS

"Correctivos" para José - Por Marcelo Aguaysol

José Alperovich dijo anoche que la clave para mantenerse es la gestión. Y, en ese contexto, hoy continuará sus recorridas, en un CAPS. Tal vez aproveche esa visita para curar las heridas electorales. 

Los peronistas suelen decir que sólo con la gestión no alcanza. Y que para gobernar los próximos dos años, el mandatario necesitará peronizar el gabinete. Es que Alperovich se aferró a la nueva política justicialista, esa que le ofrece el Ateneo de la Militancia, creado por su hija Sarita. Los históricos se alejaron del poder. Y a Domingo Amaya se lo mira cada vez con más desconfianza en la Casa de Gobierno. Pero el intendente prefiere mostrarse como un "Daniel Scioli" más que como un "Sergio Massa", trazando un paralelismo con Cristina.

En el alperovichismo, hablan de "correctivos" para los que cedieron poder. Pero, en esa política, Alperovich tendrá serios problemas. ¿Por dónde empezará? Fueron muchos los que perdieron. Los "correctivos" son para José. De él dependerá si cambia la estrategia o sigue perdiendo poder.