"Al lado de casa vivía un pastor evangélico al que le regalaron una motito que no andaba. Yo tenía ocho años. Deduciendo, le rearmé la moto y la dejé andando". Fue entonces cuando Conrado Caresani (50 años) se enamoró de las motos; luego pasó por los karts y los autos, y ahora se embelesa con las bicicletas.

Su taller está ubicado en un bucólico cul de sac de barrio Kennedy. Bajo fragantes eucaliptos, lapachos y nísperos, tres autos viejos duermen un largo sueño. Las que sí salen andando son una moto, bicicletas rarísimas y prácticas motobicis.

Caresani cuenta que fue a la Escuela Técnica, pero que aprendió probando. En sus trabajos no hay cálculo matemático ni físico. "Todo es prueba y error, y los resultados son mejorables", asevera. Sus empleos fueron muchos, incluyendo la decoración de interiores y el buceo. "Ahora hago fotografía y trabajo en estas motobicis que vendo", informa.

Lo que otros tiran

Caresani encuentra en los desarmaderos sus fuentes de inspiración: de allí obtiene la materia prima para armar motos o bicis nuevas. Y no sólo interviene en la forma sino también en la mecánica, en los motores, haciéndolos más potentes y más económicos. A sus obras les pone una marca que sintetiza bien el espíritu del artista: Anarchi."Hago soldadura autógena, que no se quiebra y es de más calidad que la eléctrica. El resultado es más artístico", explica. Y para demostrarlo empieza a exhibir sus motobicis. "De estas voy haciendo como 16 diferentes -relata, junto a la anaranjada-. Es liviana; si te quedás sin nafta podés pedalear. Como tiene menos de 48 cc se considera una bici, pero tiene motor. En esta azul todo es reciclado, hasta el motor. El tasnque está hecho de chapas viejas a las que les doy la forma. Tradicionalmante estas traen un tanque con forma de gota de agua, pero a mí no me gusta ese estilo chopper americano", advierte.

Se detiene en una silleta. "La hice yo juntado cosas antiguas, resortes, todo; esta también es un engendro. Es lo que hago, engendros, mínimos, con síntesis y funcionales. Si algo no funciona, no sirve", sentencia.

Los clientes le encargan los trabajos, ya sea proveyéndole o no la bici. Según el tipo de diseño, cuestan alrededor de $ 3.500. "También puedo hacerlas a mi gusto y las vendo. Esa tiene mucho trabajo (se sube a la azul). Anda a 75km/h. La velocidad normal es 45 a 50 km/h. Esta sube el cerro como nada", se jacta, y sale a dar una vuelta escoltado por media docena de perros.

En cuanto a las motos, Caresani trabajó con motores Panther, BMW, Guzzi, y armó muchas de tipo inglés.

"Pero me conviene más armar bicis porque es rápido: te armo una en cinco días, en cambio en las motos hay que esperar para conseguir repuestos, y lo que cobro no reditúa", comenta.



Bicis personalizadas

Caresani reconoce que hay talleres de motos que les ponen motorcito a las bicis. "Pero es mecánica pura. Yo las personalizo", especifica. Además, él les ve mucho futuro: "con esta vos arrancás pedaleando, y después el tiempo de viaje es como el de una moto. Anda mejor que un ciclomotor de 50cc; es mas ágil y más liviana". Después de todas esas maravillas, la estrella de la nota no tiene motor: es una bici rodado 28. "Es la primera que hice. Una amiga, artista conceptual, dibujó una síntesis de bicicleta. Me pidió que le hiciera una igual: lo llamativo era que la corona no iba en el lugar usual. Para impresionarla le dije que se la haría", recuerda.

El resultado es una bici práctica, que entra cómoda en un ascensor, que es mas ágil en el manejo a pesar de que está armada con reciclados (hasta una silla vieja). El reconocimiento ya lo tiene: integra el catálogo del Concurso Innovar y será expuesta en Tecnópolis. Caresani resalta los otros dos grandes beneficios de la bici: "pienso en los problemas que causa un tipo que va solo al centro en su 4x4, que no respeta el poco espacio y contamina. Y con la bici hacés ejercicio: yo tengo 50 años y mirá cómo estoy".

Rayos y piñones

Liviana y tucumana.- "Para mí la bicicleta es el invento más grande de los últimos dos siglos. Esta es una nueva versión que, creo, puede andar bastante bien, sobre todo porque es chica, liviana, y tucumana".

Desarmaba los juguetes.- "Desde los ocho años, yo desarmaba todos los juguetes y los volvía a armar, pero a todos los cambiaba. No me gustaban las cosas tal como eran".

En competencia.- "Mi sueño es armar dos buenos diseños, encontrar dos competidores de Tucumán, y que corran con mi bici. Aparte, Tucumán es grosso en mountain bike".

Desde 1850.- "Las bicicletas tienen un diseño tradicional desde 1850. Todo el mundo las usa, funcionan y se han perfeccionado. Quería hacer algo mínimo, que tenga una linea estética agradable. La presenté en el concurso Innovar, me notificaron que quedó seleccionada para el catálogo de Tecnópolis. Es de paseo, pero se puede usar en deportes si se la arma con materiales más livianos y sofisticados. Sirve como medio de transporte incluso".

Mal de diógenes.- "Voy a los desarmaderos, compro cuadros viejos de bicicletas. Tengo de todo: soy algo así como el mal de Diógenes. Hago restauración. Estoy armando varios proyectos; voy pegando partes de otras bicis para hacer nuevas".

La mecánica.- "A los motores los desarmo y les mejoro todo adentro para que tengan más potencia y sean más económicos. También armé autos de picada: a un 128 de 60 hp le saqué 180, y consumiendo lo mismo. En todo intervengo, me gusta mucho la mecánica, y le entiendo".

El paraíso.- "Para alguna gente entrar en un shopping es como entrar al paraíso. Para mí lo es entrar en una biblioteca a ver libros, o cuando entro en un desarmadero y empiezo a soñar qué haría con cada fierro. Me gusta toda la creación".