Aunque casi no tienen tiempo para dedicarlo a otra cosa que no sea el trabajo, Viviana Llanos y Rodrigo Sotelo se hacen un pequeño hueco durante sus jornadas en el puesto de comida rápida en el que se ganan la vida para limpiar y regar un pequeño lapacho que intenta crecer en la selva dura, seca y gris del microcentro. No es una tarea fácil para estos jóvenes trabajadores: sus mismos clientes son los que, una vez que comen el panchuque o toman el helado, arrojan servilletas o cucharitas plásticas en la taza del ejemplar. Ellos saben que si no se vuelven sus guardianes, ese palito con tres o cuatro hojas no llegará a ser un árbol maduro. De hecho, es el único de Córdoba al 600 que presume de una enorme flor amarilla entre su escaso follaje. Aún tiene esperanzas.

Un promedio alarmante da cuenta de que a muchos tucumanos parece no importarles el arbolado urbano, ese que le da sombra y lo refresca en verano, y que retiene el polvo en la estación seca invernal. Según datos de la Municipalidad capitalina, un 40% de los árboles que se plantan no llegan a superar los dos años de crecimiento a causa de diversos actos vandálicos. "Es altísimo el promedio que se pierde; se depreda cerca de un 40%, aunque volvemos a plantar en los lugares donde no creció el ejemplar. A eso hay que sumarle un 10% de pérdidas por la sequía, porque no estuvo plantado con la profundidad recomendada y por factores de su propio crecimiento natural", explicó Atilio Belloni, subsecretario de Obras Públicas del municipio.

Cenicero urbano
A su paso, las personas arrancan ramas u hojas, esas que representan un ápice de crecimiento en la copa; atan en su tronco todo tipo de vehículos; le arrojan en sus tazas colillas de cigarrillos, vasos de plástico, pañales, papeles de todo tipo y agua con detergente mientras limpian las veredas; cuelgan de sus ramas balanzas, bolsas o carteles; los arrancan de raíz para llevárselos quién sabe dónde; y con sus "tutores" (palos que le sirven de ayuda para crecer rectos) preparan improvisadas fogatas.

Las peores zonas de vandalismo contra el arbolado urbano son las céntricas, según lo indicó Jorge Boggiatto, subdirector de Espacios Verdes. Para el funcionario, este lugar es "tierra de nadie", ya que, debido a la baja cantidad de vecinos, es escaso el sentimiento de pertenencia (la mayor parte de los usuarios del centro está de paso). "En el microcentro vimos que la única forma exitosa para que crezcan los árboles es rodearlos con una estructura circular de hierro, como lo hicimos en la calle 25 de Mayo. De todas formas, el metal quedó abollado y sucio. Igual, los lapachos prosperaron", comentó Boggiatto. También señaló como otras zonas complicadas las avenidas muy transitadas y a las proximidades de las escuelas.

Otro enemigo del arbolado, según indicaron desde el municipio, son los garages corridos (cuando todo el frente de la propiedad está destinado al acceso de autos), como sucede en Ayacucho al 500, donde hay estacionamientos a lo largo de casi media cuadra. Allí nunca se podrá plantar un árbol. Por ello, el funcionario explicó que hay que hacer cumplir a rajatabla la norma que obliga a los constructores a plantar un árbol cada 12 metros frente a la construcción. Si esto no se cumple, la Dirección General de Catastro no debe entregar el final de obra.

"Plantamos un árbol tras otro, pero no crecieron. Las personas los arrancan, los quiebran, los usan de cenicero", se quejó Fabio González, encargado de un edificio de Congreso al 200. Ante esto, la taza del árbol ahora sirve de resumidero: ya no quieren seguir intentando que un tarco, un fresno o un naranjo modere la temperatura entre el cielo y el cemento de esa vereda. Guillermo Olivera, de la Sociedad Amigos del Árbol Tucumán, cree que sí hay una forma de combatir el vandalismo. "Falta educación, que todos entiendan la importancia del árbol en la ciudad. Nosotros ofrecemos charlas en escuelas sobre el uso y la importancia del arbolado urbano. Pero, en realidad, los adultos son los más dañinos", destacó este guardián de árboles, que junto a otros vecinos luchan para que la "infraestructura verde" se destaque de entre la concentración de edificios y cemento en la ciudad.

La poda puede ser otro enemigo de los ejemplares jóvenes

El vandalismo es una cuestión cultural, o tiene -quizás- bases biológicas más profundas que la cultura. Esto se refleja en casos exitosos como el de Mendoza, que tiene un arbolado en muy buen estado en un clima hostil para los árboles. Por ello, Alfredo Grau, editor del libro "Guía del arbolado de Tucumán", considera que en los seres humanos conviven dos tendencias opuestas en relación con el arbolado urbano. Por un lado, se tiende a proteger y aprovechar a los árboles, como sucede en la provincia cuyana. Y por otro, se rompen los árboles que se tiene cerca, lo que sucede en gran parte de nuestra provincia.

Según Grau, se presentan tres tipos de vandalismo en Tucumán: el de bajos recursos, que está reflejado en la persona que hace una fogata para el mate o para abrigarse del frío al lado de un árbol; y el vandalismo de altos recursos, que se trata del propietario de buen nivel de ingresos que considera que el árbol que está en la vereda es de su propiedad y que puede hacer lo que quiere con ello. En ese caso, no entienden que el árbol de la vereda es de la comunidad y legalmente es de propiedad municipal. Y por último -especificó- está el vandalismo adolescente que se ejerce en contra de muchos bienes públicos, no sólo en los árboles. "La única vía que se me ocurre para disminuir el vandalismo es insistir con la educación en todos los niveles, empezando desde la escuela".

El ingeniero agrónomo consideró que en los últimos años se ha aportado desde los municipios más recursos y gestión para los arbolados y que eso ha tenido en general un efecto muy positivo. Los ejemplos que destacó son la calidad de la poda en San Miguel de Tucumán; el censo de arbolado en Yerba Buena y los planes de arbolado en Tafí Viejo y Concepción. Sin embargo, Grau indicó que, a veces, los esfuerzos no están bien orientados y tienen efectos contraproducentes.

"La poda municipal en la ciudad de Yerba Buena es con frecuencia negativa para la salud del arbolado. A veces, la acción de cooperativas de trabajo, en su intento por desmalezar, destruyen o dañan irreversiblemente los árboles jóvenes establecidos por la propia acción municipal. Este caso es claro en buena parte del arbolado implantado en los últimos años en la avenida Perón", destacó.

Por otra parte, explicó que hay una hipótesis evolutiva referida a los primates de África, que confirma que les gustaba tener un espacio libre para poder ver que no haya predadores cerca. "Eso se lo ve en muchos lugares del campo, donde en la periferia de una vivienda no hay árboles. Apunta a la seguridad. Los seres humanos se encargan de eliminarlos. Es entendible en un ambiente salvaje, pero en las ciudades no funciona muy bien", opinó.

Por otro lado, comentó que hay estudios científicos estadísticos en Estados Unidos que muestran que en vecindarios urbanos con arbolado muy cuidado la tasa de criminalidad es más baja que en los lugares descuidados. La interpretación de los científicos es que un arbolado bien cuidado refleja que hay por detrás una estructura vecinal; se trata de un área "protegida" por fuerzas que van más allá de la policía y que disuaden al potencial delincuente.


Cuidados y daños
Desde el Municipio aseguran que le encontraron la vuelta a la defensa del árbol: los rodean de estructuras metálicas para que no los dañen, como sucede en 25 de Mayo. En Córdoba al 600 arrojan basura en las tazas y atan bicicletas al tronco.

VIVEROS TAZAS Y DAÑOS

- Especies.- Los árboles que se plantan (naranjos, lapachos, tipas, tarcos o liquidambar, entre otras) nacen en el Vivero Municipal, que está dedicado preferentemente a la producción de árboles y arbustos de especies nativas y algunas exóticas. Los ejemplares a plantar deben tener como mínimo dos metros de altura, con un tallo de 10 centímetro de diámetro.

- Tazas.- Deben erigirse al ras del suelo, según lo indica una ordenanza. Deben tener un tamaño de 60 x 60 cm, como mínimo.

- Sólo por dañar.- Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana, contó que un caso de claro vandalismo ocurrió en la zona del Acceso Sur (desde San Andrés hasta el cruce con la autopista). "El 50% se perdió. Cortaron los árboles con machetes sólo para hacer daño", lamentó.

- Denuncias.- Si querés denunciar daños al arbolado de la ciudad, podés llamar al teléfono 4224073, que pertenece a la Dirección de Espacios Verdes Municipal.

- Cómo plantar.- Para determinar qué especie se va a plantar en la vía pública, el Municipio aclara que tiene en cuenta los siguientes aspectos de un árbol: altura y porte de al especie, nivel de copa respecto al alumbrado público y el ancho de la vereda.

Objetivos del Plan Director Verde

Por el Plan Director Verde, que desarrolla el municipio desde 2007, se plantaron más de 81.500 árboles en espacios públicos de la Capital. Según especificó Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana, esa suma equivale a unas 3.000 hectáreas que han obtenido la característica de espacios verdes. Aún están en proceso 700 hectáreas más.