Desde hace muchos años, el tercer domingo de agosto y el 21 de septiembre una misma realidad se repite en el parque 9 de Julio. El paseo más importante de San Miguel de Tucumán se convierte en sinónimo de dicha y de desdicha. Miles de comprovincianos celebraron a sus niños en la jornada dominical. La alegría familiar dejó luego un triste saldo: la basura. Las cuadrillas de las direcciones de Espacios Verdes y Urbanidad de la Municipalidad capitalina trabajaron sin pausa desde las 7.30 de ayer levantando los desperdicios esparcidos en ese pulmón verde de la ciudad. Envoltorios de galletas, papeles, golosinas, conos de papas fritas, botellas de plástico, restos de comida tapizaban todos los rincones.
Hasta el mediodía, se había limpiado un 60% del parque: 10 camionetas repletas de desperdicios (cada una carga unos 800 kilos) y cuatro camiones, es decir más de ocho toneladas. "Limpiamos constantemente, pero al rato llegan más personas a instalarse. Los espacios verdes están para disfrutarlos, pero con el correspondiente cuidado", dijo el secretario municipal de Servicios Públicos. Por su parte, el encargado de la guardia especial de Espacios Verdes, dijo que la cantidad de basura se había incrementado respecto al año pasado. "Encontramos el parque más sucio que en 2012. Sucede que el domingo la gente se quedó hasta la medianoche porque hoy (por ayer) es feriado. Entonces tuvimos que reforzar la limpieza con más de 50 personas, dos camionetas y un camión", dijo.
En ocasiones anteriores, se han llegado a levantar alrededor de 30 toneladas de residuos. En 2009, informamos que una vez transcurrido el Día del Niño, tal era la cantidad de desperdicios esparcidos que a los operarios municipales les llevó dos días limpiar el parque. El césped había amanecido ese lunes cubierto de basura. No se podía caminar sin pisar las botellas, las cajas y los papeles de toda clase de envoltorios, diseminados por el paseo público. El lago San Miguel había sido -como sucede siempre- la principal víctima: se habían arrojado más de 1.000 envases, muchos de los cuales habían sido rellenados con piedras para que quedaran incrustados en el fondo del espejo de agua. Esta última acción reflejó además un espíritu depredador.
Se suele decir que esta vocación tucumana de dejar basura por donde se pasa es una cuestión cultural. Esta acción encierra una actitud indolente hacia el prójimo, de ensuciar para que otros limpien. Seguramente, la mayoría no practica la misma política en su hogar. Se supone que la ciudad es la casa de todos, pero evidentemente, para una buena parte de los tucumanos no es así. Lo lamentable es que condena a los demás a vivir en la roña. Se supone que si se siente aprecio u orgullo por un lugar, lo menos que podría hacer es cuidarlo.
En otras ocasiones hemos sugerido que en estas fechas, donde la gente se vuelca masivamente a los parques y en especial al 9 de Julio, podría haber grupos de voluntarios o patrullas municipales que recorrieran el paseo concientizaran in situ a las familias sobre la importancia de mantener la higiene. Se podrían organizar juegos y concursos para adultos y chicos sobre temas ambientales.
La educación cívica es uno de los "regalos" más preciados, tanto para los adultos como para los chicos. Qué mejor día para los niños que sus padres les enseñaran a no ser sucios, a cuidar el parque y la ciudad.