Conozco un tipo que nunca trabajó. No trabajaba cuando éramos jóvenes, pero entonces se entendía: vivía con su papá y encajaba perfectamente entre los jóvenes mantenidos a los que se suele apodar "espalda virgen", que Roberto Arlt describió como squenun en una de sus Aguafuertes porteñas, expresión derivada del italiano "squena dritta" o "espalda derecha": es decir, los que disfrutan del dolce far niente.
Pero ahora el tipo que conocí en mi juventud tiene más de 50. Lo encontré un día en una calle de Yerba Buena, con algunas arruguitas pero tranquilo, los ojos brillosos y una semisonrisa. "¿A qué te dedicás?", le pregunté. - "Vivo", me respondió. - "¿Pero qué hacés?". -"Nada. Yo no trabajo. Mi papá me sigue manteniendo. Nunca trabajé".
La primera impresión fue pensar que su vida debía ser muy aburrida. La gente vive luchando y tratando de encontrar un poco de tiempo libre para hacer las cosas que le gusta y acá hay uno que tiene tiempo para tirar para arriba, como los ricos de la película "El precio del mañana". Pero él no parecía aburrido. "Hago un poco de todo", dijo sonriente, y se despidió como otro personaje de Arlt, "El hombre de la camiseta calada", que aplica una filosofía de barrio para explicar las vagas razones por las que se pasa la vida apoyado en el umbral de su casa. ¿Quién sabe si squenun se aburre? En una de esas es más feliz que los que viven por sus manos. Tiene tiempo para derrochar.