A Esther Diomira Romero le gusta navegar en sus recuerdos. Sus manos casi no tiemblan. De lo único que reniega es de su vista. "Cada vez veo un poquito menos", cuenta la menuda mujer que festejó sus 101 años de vida el martes. A la fiesta que le armaron ayer en el patio de la escuela Sarmiento, llegó con su bonito tapado marrón, los zapatos lustrados, su sonrisa y el rostro desbordando entusiasmo.

"Estoy enamorada de la vida y quiero vivir mucho más mientras esté así de bien", les cuenta Esther a un puñado de alumnas de la Sarmiento, adonde cursó la primaria. La conocen como "Pichuca" por su diminuto tamaño. "No es de ahora; siempre fui muy chiquitita", aclara.

Hizo el secundario en la escuela Normal y fue docente de tres establecimientos tucumanos. Aunque admite muy convencida de que sus mejores recuerdos están en la Sarmiento, justo debajo del árbol de San Antonio, adonde ayer la homenajearon. "Aquí recité mi primer verso: 'Los motivos del lobo', de Rubén Darío. Tenía ocho años. Una de mis compañeras me alzó para que todos me vieran. Y me aplaudieron de pie", relata desde su impecable memoria.

Siempre coqueta, Pichuca prefiere caminar de la mano de sus sobrinas antes que trasladarse con su andador. Como una adolescente, se acuesta a la madrugada, después de que mira la tele o sus familiares le leen las noticias. "Mi papá, Rodolfo Romero, era periodista de LA GACETA. Con este diario aprendí a leer. Yo miraba los títulos y los copiaba. Cuando entré a la primaria, ya leía de corrido", cuenta.

Receta de longevidad

Con los ojos como dos de oro, las alumnas le preguntaban una y otra vez cómo se sentía. "A pesar de los años que tengo me encuentro muy bien. Me gusta conversar, charlar, pasear, me siento con voluntad para todo y seguiré por mucho tiempo más", les manifiesta.

¿Cómo hizo para llegar tan bien a los 101 años?, fue la consulta popular. La receta de Pichuca no es larga. "Siempre tuve una vida tranquila, no hay que andar como locos ni tomando mucho alcohol", arranca. "Ahora, para estar bien leo mucho y tomo todos los días unas gotas de fernet. Es mi santo remedio", aconseja. Otro elemento esencial de su fórmula para la longevidad, según destaca, es su soltería. "No me casé ni tuve hijos, pero por suerte la vida me dio muchos sobrinos que ahora me cuidan", resalta agradecida entre risas.

Esther nació en Buenos Aires. Pero cuando era muy chica vino a vivir a Tucumán. Para ella, una de las mejores cosas que le pasó en la vida es haber estado siempre rodeada de estudiantes.

"Tuve una niñez y una juventud muy linda, nos divertíamos y nos ayudábamos un montón", añora. No lamenta haberse quedado soltera. "No se dio, no conocí a nadie que pudiera ser mi compañero", admite Esther. Actualmente vive en Tafí Viejo con su sobrina política, Jacymara. Y a menudo recibe la visita de sus sobrinos. A Pichuca no le gusta que la ayuden mucho en sus actividades cotidianas. Todavía quiere comer sola y no usa pañales. Cuando se enferma (muy pocas veces) reniega para ir al doctor. "Es que siempre fui muy sana", confiesa esta admiradora de Jorge Luis Borges.

"Esther es un ejemplo de cómo honrar la vida, es una divina", exclama Blanca Cobos, representante de las egresadas de la Sarmiento.

Peligros actuales

Las alumnas prendieron velas y le cantaron varias veces el cumpleaños feliz a Pichuca. No pararon ni un minuto de gatillar preguntas. De a poco, ella contestó uno a uno los requerimientos. "La juventud actual es más libre y eso es bueno, siempre que se cuiden; ahora hay muchos peligros", les aconsejó. Y antes de irse de la escuela les pidió a las estudiantes que se alejen de la mentira porque eso las va a ayudar a ser más felices. "Estoy muy orgullosa de haber estudiado en esta escuela, sin duda una de las mejores", reconoce.

"Yo amo mucho la vida. Cuando tengo un dolor, digo 'a mí no me vas a vencer'. Hay que luchar, no dejarse caer", enseña. "Y si Pichuca lo dice, con 101 años, hay que creerle, ¿o no?" plantea Martina, de 11 años, mientras con su celular le toma una foto que inmediatamente sube a Facebook, con una leyenda que dice: "algún día quiero ser como ella".