En una cuadra, en un barrio, en una ciudad, los encontramos. Los vemos prácticamente todos los días. A veces los saludamos, otras, no. Depende de la confianza. Del apuro con que vayamos. De la educación. Del afecto. De la indiferencia. Cercano, próximo o inmediato en cualquier línea. "Semejante, parecido o coincidente. Que habita con otros en un mismo pueblo, barrio o casa, en habitación independiente..." Son algunas de las definiciones que propone el diccionario de la palabra vecino que justamente hoy se celebra su día.

Hace 54 años, por iniciativa de un grupo de porteños se instauró la fecha que coincide con la segunda fundación de la ciudad de Buenos Aires, ocurrida en 1580. En 1990, se decretó en esa ciudad que fuera también el día del vecino participativo con la idea de destacar la importancia del trabajo conjunto entre las organizaciones barriales y el Estado, a través de asociaciones civiles, culturales y deportivas.

Hasta hace algunos lustros atrás, se conservaba la buena comunicación entre los vecinos. Por ejemplo, en las barriadas, para las Fiestas se acostumbraba a sacar las mesas a la vereda luego de la medianoche y compartir la algarabía con sus semejantes de la cuadra. O en carnaval participaban del juego chicos y grandes. Cuando alguno tenía un problema de salud o económico la solidaridad era moneda corriente. También se generaba la unión detrás de un objetivo común para conseguir el gas natural, la construcción del cordón cuneta, la pavimentación o el alumbrado público. El club del barrio era el lugar de encuentro para practicar deportes o para fomentar la vida social a través de fiestas. Como sucede en toda convivencia, también está el costado negativo, como el chisme o las peleas que se producen cuando no se respeta el derecho de los otros, como la propalación de la música a alto volumen o las reuniones ruidosas. Tal vez parte de esa tradición se conserve aún en algunos barrios o en poblaciones del interior de la provincia

Lo cierto es que la sociedad se ha vuelto cada más individualista. En un mismo edificio, hay vecinos que no se conocen. Se va perdiendo paulatinamente el espíritu comunitario como consecuencia de las urgencias económicas que llevan tanto al padre como la madre -a veces a los hijos- a tener más de un trabajo para poder vivir con dignidad. Ello conduce a las personas a replegarse sobre sí mismas produciendo un aislamiento; ya casi no hay tiempo para compartir con los semejantes.

Hace cuatro décadas que circula por la pantalla televisiva de los tucumanos "El Chavo del 8" que retrata las historias de una vecindad mexicana con humor y ternura. En "Made in Lanús", una excelente pieza teatral, de Nelly Fernández Tiscornia, es conmovedor el monólogo de la Yoly, que presionada por su marido mecánico, y por su hermano que se ha radicado en Estados Unidos, le recuerda a su esposo que él es el Negro, es alguien en su barrio: "Cuando se te quemó el taller, todo Lanús vino a ayudarte a apagar el fuego. ¿Allá en Estados Unidos, quién te va a ayudar?"

Sería interesante si pudiésemos recuperar el sano hábito de hacer cosas con los vecinos pensando en el bien común. Es en el hogar y en la escuela donde se aprende a ser solidario, a trabajar en equipo, a compartir. Si recordáramos que "juntos somos mejores" es posible que nuestra sociedad fuese menos egoísta y esta fecha no transcurriera tan inadvertida.