2013 está llegando a la mitad de su ciclo. Faltan pocos días para la entrada de la estación fría, que no parece hacerle caso al calendario gregoriano. Científicamente, el solsticio de invierno en el Hemisferio Sur ocurre el 21 de junio, pero de acuerdo a Pacha Unachaq -el reloj solar que usaban los incas- el sol permanece algunos días en el mismo lugar antes de elevarse, el 24. Los que vivimos en el extremo austral de lo que fue el imperio inca, hemos echado al olvido que desde tiempos ancestrales los habitantes naturales de esta parte del mundo celebraban a su majestad, el Sol, en la fiesta del Inti Raymi (en quechua, resurrección del sol). Era el momento en que terminaba la cosecha de papas y de maíz. Sabiamente, ellos agradecían lo que la tierra ya les había dado, y pedían por una cosecha más abundante para el año siguiente. En 1572 el Virrey Toledo lo consideró un festejo pagano y contrario a la fe católica, y lo prohibió. Casi 500 años después, ya sin ayunos, abstinencias ni sacrificio de animales, más de 500 actores recrean la ceremonia en Sacsayhuaman, en Cusco (Perú). La colorida celebración convoca al turismo mundial y es la mayor festividad sudamericana después del Carnaval de Río. Al mismo tiempo, y en cada rincón del Tahuantinsuyo, en modestas y sentidas ceremonias, la gente agradece lo que recibió de la Madre Tierra, y se ilusiona con lo que recibirá.