Tocar el cielo con las manos. Ir de visita por las nubes. Respirar hondo, cerrar los ojos y sentirse como un pájaro. El sueño de Marta Elena Alvarez de Luzuriaga al fin se hizo realidad: pudo volar muy alto. Y esta vez no lo hizo con la imaginación, sino con las alas que le dio un equipo de parapente. Su travesía podría ser una más de esas que desbordan la reserva natural de aventuras Loma Bola. Pero no. El despegue de esta abuelita fue todo un acontecimiento. Con sus 82 años, saltó desde un pico de 800 metros de altura y rompió todos los récords al convertirse en la persona más grande en lograr semejante proeza en nuestra provincia.

Esa tarde soleada de fines de abril cualquiera hubiera pensado que Malena, como la conocen sus seres queridos, había ido a Loma Bola a ver el despegue de algún nieto. Ella le dio la sorpresa al instructor: "soy yo la que se tira hoy", le dijo, muy decidida, a Eduardo Deheza, a cargo de hacer vuelos biplaza. Él fue quien la acompañó en el vuelo.

Sus nietos la miraban sorprendidos y emocionados mientras ella se ponía una ropa especial sobre sus pantalones animal print. El arnés ajustado, el casco cubriendo su cabellera rubia. Estaba todo listo. A una de sus hijas le temblaba la mano. La otra le dijo: "yo no soy capaz de hacerlo". Pero Malena ni siquiera se persignó. "¿Estás lista para volar?", le preguntó el instructor. "Sí", contestó sin titubear, siempre sonriente. A su espalda, sobre el césped, el parapente - arrugado como una cama sin hacer- comenzaba a inflarse. Dos jóvenes la ayudaron a correr hasta el borde del abismo, el punto exacto en el cual el parapente empieza a ganar altura.

"En ese momento, una ráfaga de viento nos levantó bastante. Gocé de cada minuto que duró el vuelo. Fue algo espectacular", cuenta. Su relato no se pierde en ningún momento. Malena tiene una lucidez impecable. En la charla con LA GACETA, cuela un recuerdo de su juventud: "pasaba ratos largos mirando los pájaros, pensaba ¡qué lindo sería volar como ellos!, sentir esa libertad", exclama. Y tuvo que esperar mucho tiempo para sentirse libre como un pájaro. Desde hace un año empezó a decirles a sus cuatro hijas que no quería irse de esta vida sin hacer realidad su sueño. A mediados de 2012, quedó viuda así que sus deseos aventureros pasaron a segundo plano. Apenas comenzó 2013, esta abuela de seis nietos volvió a insistir. Tanto insistió que no pudieron decirle que no.

Con ganas de más
El vuelo desde Loma Bola hasta el pie del cerro duró alrededor de 15 minutos (fueron cerca de seis kilómetros). Pero Malena se quedó con ganas de más. Confiesa que se volvió una amante de este deporte de riesgo. "Antes de despegar, me preguntaron si tenía problemas de salud. No sufro nada. Lo único que tengo es la piel muy sensible; por eso me prohibieron que me exponga al sol sin protector", detalla.

Su hija Belén cuenta que Malena siempre tuvo espíritu aventurero. "Puede tener varias décadas de vida, pero es muy joven de mente. Sus 82 años están muy buen puestos", resalta.

La abuela no camina con bastón, no le duelen los huesos ni la espalda. Ella se define como una mujer muy activa. De hecho, hace natación casi todos los días en el Club General Belgrano. "Nado muchísimo. En una hora cuarenta minutos puedo nadar hasta 2.000 metros. También camino por todos lados", comenta. Y da más información sobre su vida: es jubilada, de joven se recibió de maestra pero nunca ejerció porque su esposo trabajaba en la construcción de caminos, situación que la llevó a vivir en diferentes partes del país.

Desde las alturas
La sensación de flotar en el aire es suave, uno siente que va cayendo como una pluma, describe Malena. "Arriba me sentí en la gloria. Nunca tuve miedo ni me impresionó ver la ciudad desde las alturas", apunta. Ella quería pasear por Villa Nougués, pero el viento dominguero de aquella tarde la llevó directamente a un predio ubicado detrás del cementerio San Agustín, adonde aterrizó. El instructor le dijo: "quedate tranqui, no es tu hora todavía". "Ya lo sé", le contestó ella, convencida de que todavía le quedan muchas hazañas en esta vida. Por lo pronto, adelantó su próximo desafío: hacer esquí acuático en el dique El Cadillal.

Una hazaña que cada vez más personas anotan en la lista de sus deseos

No son muchos. Pero cada vez son más los adultos mayores que ponen en su lista de deseos volar en parapente. "Lo anotan entre las cosas para hacer antes de partir (como en la película que protagonizaron Jack Nicholson y Morgan Freeman)", cuenta, medio en broma medio en serio, Eduardo Deheza, instructor de vuelos y campeón en varias competencias de parapente.

"Creo que el sueño de todo hombre es volar como un pájaro y esta es la forma más parecida, más pura de hacer realidad ese deseo", señala el instructor. Siempre acompaña a los aventureros que desean despegar desde Loma Bola. Su función es controlar al parapente con unas cuerdas y moverlo de acuerdo a las corrientes térmicas.

"Un señor de 70 años había sido la persona más grande que voló. Ahora, se superó esa marca con una abuela de 82 años. En general, a esa edad son más las mujeres que se animan a volar", destaca. Aclara que no cualquier persona a esa edad está en condiciones de despegar. Siempre se les pregunta si tienen problemas cardíacos o de presión puesto que en el trayecto, aunque sea de sólo 15 minutos, pueden descompensarse. "Vienen chicos desde los seis años en adelante, muchos jóvenes y adultos", resalta Deheza. Los interesados en volar pueden visitar la página www.lomabola.com.ar o llamar al 4251430.