El padre Marcelo Barrionuevo es optimista. El párroco de la Medalla Milagrosa cree que el Papa está generando un nuevo entusiasmo que alimentará el protagonismo de la Iglesia en la calle, en la vida pública. 


"Nuestro arzobispo (Alfredo Zecca) nos pidió a todos los sacerdotes que salgamos a la calle, ya sea en el microcentro o en la periferia, y que nos hagamos cargo de la realidad que nos toca. En sus exhortaciones nos pide que nos hagamos cargo de la pobreza de manera integral: espiritual y material", describió. 

La labor pastoral de Barrionuevo se desarrolla en zonas complejas, como un sector de La Costanera (conocido como El Trébol) y en barrios como el Lola Mora. En el primero de estos lugares, las hermanas del Perpetuo Socorro están por abrir una capilla y un centro comunitario. 

"El obispo está organizando encuentros con líderes sociales para que el trabajo con los pobres no sea meramente asistencial, sino que se profundice en la solución de las causas que generan esta situación: la pobreza de la fe, de la salud, de los recursos humanos, del dolor...", enumeró.

 

"El pastor tiene que andar para recuperar las ovejas"

"Los curas se han descuidado y la gente ha comenzado a irse de las iglesias. Es tiempo de ir a buscarlos porque hay muchas ovejas fuera del rebaño. El pastor tiene que andar para recuperarlas", enfatiza Carlos Antonio Sosa. Es vecino del barrio El Palomar, de Banda del Río Salí, y vive al frente de la capilla Sagrado Corazón de Jesús, de la que es un entusiasta colaborador.

"Como dice el Papa, la iglesia es la que debe ir a buscar a los fieles y no al revés. Por eso me gustaría que el arzobispo Alfredo Zecca venga a visitarnos a nuestro barrio, porque los fieles no van a ir donde está él", invita. 

Dentro de la capilla, sentada en uno de los viejos bancos de madera, que no disimulan el paso del tiempo, Dorita Salasconfiesa que se emociona cada vez que habla el Papa. "Él es un padre sencillo, humilde como nosotros", dice con una sonrisa. Dorita tiene en custodia las llaves del templo. Abre las puertas cada vez que el padre de la parroquia de San Francisco Solano va a oficiar misa, los primeros viernes de cada mes y los sábados por la tarde. "Estamos felices con Francisco, nos sorprende a cada rato", confiesa otro vecino y colaborador, Juan Ibáñez. Cada día, todos esperan un nuevo gesto de humildad del Papa.