Para las familias tucumanas, como para el resto de las familias argentinas, la segunda quincena de febrero, a punto de comenzar, ya es tiempo de escuela. En este primer tramo del año, las urgencias están inclinadas a cuestiones operativas, como el armado de la mochila escolar o los exámenes que los hijos tienen pendientes. Sin embargo, es precisamente en esta etapa de "precalentamiento" del ciclo lectivo cuando los padres -y la sociedad toda- deben asumir que un año calendario educativo es, más que un trámite burocrático que involucra a los hijos, una oportunidad más de construir valores. Más que nunca, las nuevas corrientes indican que la educación ya no es, ni será, un acumulado de información que cabe en los libros de texto. La educación que se proyecta como valiosa es aquella que, como ha señalado el ensayista Axel Rivas en una entrevista que publicamos esta semana en LA GACETA, la posibilidad de enseñar a aprender, a pensar, ya que los contenidos están en la red. Afirma, además, que una premisa de estos tiempos, implícita en la anterior, es la de la libertad del chico para crear, para enfrentar un mundo regido por la hiperestimulación, las inteligencias compartidas, las preocupaciones por las cuestiones ambientales.
En parecida sintonía, el biólogo tucumano Juan González, autor de un flamante libro centrado en el medio ambiente del NOA, afirma que sólo educando se puede cambiar la relación hombre-naturaleza. "Un hombre consciente de que es un elemento más en la trama de la vida y no 'amo y señor' de los recursos naturales será ardiente defensor y conservacionista", dijo el académico a nuestro diario. En los dos casos, un hilo común es la educación como un aprendizaje de civismo, de accionar y de generar pequeñas transformaciones que, sumadas, generarán en un futuro grandes cambios. Como ha dicho el biólogo tucumano, "debemos educar para actuar, debemos dar a conocer información técnica para generar estados de ánimo que nos lleven a participar, a movilizar. En ambos casos, hay miradas esperanzadas. De ahí el título del libro que escribió González, "Estamos a tiempo".
Sin embargo, estamos persuadidos de que de nada servirán las propuestas pedagógicas más osadas y modernas si ese trayecto educativo centrado en valores y en el civismo no es acompañado paso a paso por los padres, que son quienes moldean los intereses y actitudes de los niños y de los adolescentes. Jaim Etcheverry, médico interesado en la educación y autor de ese clásico que es "La tragedia educativa", insiste desde hace varios años en que en la Argentina se ha perdido la cultura del esfuerzo; y que esa tendencia es transmitida de padres a hijos. De nada sirve declamar que nos interesa la educación de nuestros hijos si no los estimulamos en el día a día en la apertura a nuevos aprendizajes. Si miramos los casos exitosos de educación en el mundo, como el de Corea del Sur, veremos, por cierto, una fuerte presencia de nuevas tecnologías. Sin embargo, como ha escrito Rivas, la fiebre educativa de ese país se expresa en su sistema de exámenes que permite acceder a las universidades, y que allí se denomina "el infierno de exámenes". No se trata aquí de copiar modelos foráneos, o extremos. Pero sí de entender que el fracaso o éxito escolar de nuestros chicos dependerá no sólo de la escuela, sino, también, de los valores que día a día les transmitamos desde el mundo adulto. Y esa construcción no se toma vacaciones.