Quizás tengás hijos, o deseos de tenerlos. O sobrinos o nietos. Seguro que algún niño te ronda. Y te enternece. Te divierte. Te reconforta y hasta te da esperanzas. Cómo no proyectar en ellos la continuidad de la vida. Tal vez por eso, saber que están enfermos nos quiebra. Nos duele aunque sea un niño desconocido. Nos desconcierta y nos desconsuela. Pensar que su futuro puede truncarse nos derrumba. Pero pasado el impacto siempre se puede hacer algo. Hoy es un día para eso. Date un ratito. Llegate a la plaza Independencia. Jugate e inscribite como donante de médula ósea. Nada malo te va a pasar. Al contrario. Te vas a convertir en un dador de vida. Ahí va a estar la gente de la Fundación Flexer. Te van a sacar una muestra de sangre. Nada más. Y anotarán tus datos. Y tal vez dentro de unos días o de unos meses alguien te llame y te convoque. Después, vas a poder contar que hiciste que un niño siga viviendo.