Cuando salimos de nuestras casas no pensamos que un funcionario, en ese momento, pueda estar cometiendo un acto de corrupción. En menor medida, nos puede preocupar sufrir un accidente de tránsito, pero el poco acatamiento a las normas de tránsito indica que no es una de las prioridades. Pero sí tomamos recaudos para que no nos roben. Nos ocupamos de que la casa quede bien cerrada, tratamos de no caminar por zonas oscuras o "peligrosas", y abrazamos fuerte mochilas o bolsos. Y no es para menos. Las últimas estadísticas difundidas por la Dirección de Política Criminal de la Nación indica que el 58% de los delitos cometidos en el país son contra la propiedad. Todo eso (y más) es lo que se llama "inseguridad". O "sensación de inseguridad", como le gusta llamar a los funcionarios.

Lo sabe la Policía. El arrebato, delito contra la propiedad por excelencia, es la principal preocupación de la gente. Por eso todas las miradas de las autoridades están puestas en combatir estos hechos. Hasta aquí, en Tucumán, se apostó a las cámaras de seguridad. Sin estadísticas claras, la Policía asegura que en aquellas zonas custodiadas por el "Gran Hermano" disminuyó este tipo de delitos. La realidad parece distar de esa apreciación. A diario llega información de arrebatos en el microcentro. Pero también se repiten en los barrios alejados de las cuatro avenidas de la capital. La segunda medida, implementada luego del homicidio de Elda Hovannes, a quien mataron en la puerta de su casa para quitarle la cartera en 2011, fue intensificar los controles a las motos. Pero como la circulación sin cascos o sin papeles no es exclusiva de los motoarrebatadores, hasta ahora pareciera que sirvió para hacer crecer las arcas a través de las recaudaciones por multas. Mientras tanto, la "sensación" sigue siendo la misma.

Las nuevas autoridades reconocen por lo bajo que para mejorar la imagen de la Policía, y de las políticas de seguridad en general, necesitan terminar con este delito de tipo urbano, como se lo define en criminología. El problema sigue siendo que el tejido social, roto hace años, está lejos de ser zurcido.