Pese a las mutilaciones que ha sufrido en los últimos lustros, el parque 9 de Julio sigue siendo uno de los principales atractivos de San Miguel de Tucumán. Sus esculturas que eran calcos de originales famosos -como al Apolo de Beldevere, la Venus de Milo o el Laoconte-, los canteros poblados de flores, la pérgola, el reloj adornado con flores y plantas, la singular y variada arboleda, las fuentes luminosas le dieron su toque de distinción. Luego, en 1960, se excavó el lago San Miguel y un año después se erigió la confitería con su techo paraboloide hiperbólico de gran valor arquitectónico que se convirtió en un ícono del paseo; se sumaron el trencito y el Palacio de los Deportes.

En nuestra edición de ayer, informamos que la Municipalidad anunció la posibilidad de que el lago fuera vaciado o, por lo menos, se mermara el nivel del agua para poder retirar los sedimentos en algunos sectores que están colmatados. Se proyecta colocar arcilla expandible en las fisuras que se detectaron en el lecho y, de esa manera, evitar que siga perdiendo líquido. El director de Espacios Verdes dijo que la zona central del espejo de agua no sería tocada y que se trabajará en los dos brazos, que están muy colmatados. Se extraerá el barro para lograr una mayor profundidad. Esta debería ser de alrededor de un metro; por los sedimentos acumulados, hay sectores que apenas tienen pocos centímetros. Por otro lado, el dragado del lecho permitirá controlar la población de algas. Según el funcionario, en el lago hay varias especies, pero la predominante es la denominada Chara, que prolifera con las temperaturas templadas. "Al retirar los sedimentos, habrá más agua, disminuirá la temperatura y posiblemente disminuya su reproducción", sostuvo.

El lago San Miguel sufrió con frecuencia el maltrato de los tucumanos, razón por la que a fines de la década de 1980, se decidió vaciarlo para dragarlo porque presentaba ya en ese entonces problemas de filtraciones. Transcurrieron ocho años, hasta que el 11 de agosto de 1997 se dispuso su llenado. Un año después se instaló una bomba hidráulica que permitió la renovación del agua. Por ese entonces, dos ediles de la UCR presentaron un proyecto para que se restaurara la confitería y se construyera un acuario; se proponía un llamado a licitación para la recuperación del lugar, a cambio de la concesión y explotación. La iniciativa no prosperó; al poco tiempo, el estanque se fue quedando sin mantenimiento. En julio de 2007, el concesionario del lago se llevó la bomba de agua que él había repuesto porque la que había se había roto, los botes, la lancha colectiva y las bicicletas acuáticas. En agosto de ese año, los visitantes manifestaban su queja por el abandono de la confitería y la falta de atracciones. En enero de 2008, sin consultar a la UNT o al Colegio de Arquitectos, la Municipalidad tuvo la desafortunada idea de demoler la emblemática confitería para parquizar la zona, so pretexto de que no había ningún interesado en su explotación, cuando el inmueble pudo haber sido reciclado, por ejemplo, para actividades culturales.

Por cierto, es positiva la intención de reparar el lago y mucho más lo será si recibe en el futuro un mantenimiento permanente, no solo el espejo, sino todo su entorno. Construir un acuario no pareciera descabellado y sumaría una atracción. Se podría efectuar una convocatoria de ideas para mejorar este sector y el resto del parque, que es un bien que pertenece a todos los tucumanos.