Fragmento de Flores en las grietas*
Por Richard Ford
Creo, y probablemente vosotros también, al menos en principio, que a veces el propósito de la literatura es insultar, ofender, conmocionar, reprender y crear incomodidad en los lectores, y que Randall Jarrell tenía razón cuando decía que necesitamos estar seguros de que lo que escribimos ofende a la gente apropiada. (En su estudio de 1951 de los poemas de Richard Wilbur escribió, más bien en interés propio, que «si tus contemporáneos nunca consideran que te equivocas, la posteridad nunca te dará la razón; hasta cierto punto todo escritor tiene que ser, a veces, una ley para sí mismo».) Pero, para un escritor, aguantar personalmente ser una ley para sí mismo es un asunto ambiguo y a menudo desagradable, a la vez que éticamente delicado. Naturalmente, nuestra ignorancia y los eslóganes acerca de nuestras supuestas libertades nos sirven de ayuda. Muchos de nosotros somos demasiado jóvenes para recordar aquellos libros famosos que fueron una ley para sí mismos y, de hecho, prohibidos: Ulises, El amante de Lady Chatterley, más recientemente Huckleberry Finn y Trampa-22. Y luego mi amigo Salman Rushdie. Bueno, podríamos pensar, Rushdie es casi inglés y está lejos, así que quizá no debiéramos preocuparnos por los Versos satánicos. Es cierto que ofendió a quien no debía y que eso ejerció considerable influencia en sus libertades personales. Pero tal vez pensemos que debería haber sido más prudente.
A decir verdad, a mí no me gusta ofender a la gente; mi obra no está destinada a ofender, y realmente pienso que no tiene por qué hacerlo. Me preocupo cuando me dicen que debería abandonar la escritura, o que escribo libros «para hombres». (Aunque otros días me preocupa que mis libros sean inocuos, no suficientemente ofensivos y que no aporten innovaciones técnicas.) En cualquier caso, no deseo que las reacciones a mis libros me afecten de tal manera que me vea obligado a tomar otra decisión acerca de qué escribir y qué no. Si sigo adelante, quiero sentirme libre para escribir lo que crea que puedo escribir bien, sea lo que fuere. Quiero que mis historias, si es posible, afecten a los lectores como la gran literatura me ha afectado a mí, es decir, que sea el hacha para el mar congelado que está dentro de nosotros, que sea, como escribió Dürrenmatt, una rebelión contra la muerte.
* Anagrama, 2012.