AUTOBIOGRAFÍA

FLORES EN LAS GRIETAS

RICHARD FORD 

(Anagrama - Barcelona)


Flores en las grietas es un libro inusual: contiene relatos autobiográficos, crónicas, ensayos y críticas que pueden leerse como una autobiografía ejemplar escrita con la pericia del novelista que domina el oficio y que continúa por otros medios su vocación de narrador magistral.

Ford ha jugado al golf, ha vivido en un hotel, ha golpeado a mucha gente en la cara y se dedica a la caza. Flores en las grietas muestra las huellas de esa vocación atípica y deportiva.

Sobre el golf, ha escrito una crónica-relato con un suspenso demorado y contenido, al mejor estilo de su amigo Raymond Carver. Ford narra su iniciación como aburrido jugador de golf. Uno de los empleados en el hotel del abuelo era el negro Chester Mathews. Ese hombre alto y gordo lo llevó a un campo de golf que estaba en el límite de un bosque. Más allá de la extraña cancha, había un hospital psiquiátrico. Cada tanto, los internos se paseaban como fantasmas en el perímetro. Cuando Ford ensayaba un golpe estratégico, uno de los fantasmas del hospital empezó a gritar. El grito no era un mero alarido, sino una burla. El paciente decía que era la primera vez que veía a un maestro negro con un discípulo blanco. Ford cuenta la escena sin estridencias. El relato aspira a la sutil denuncia social. Pero no hay nada en el relato que lo diga. Al contrario, el relato fluye y todo parece indicar que el objetivo es evocar sólo una sombra de la nostalgia.

A la par de su vocación deportiva, Ford recuerda el inicio de su actividad como lector. En La lectura, narra una escena de iniciación. En el año 69, él se dio cuenta de que, a pesar del arduo recorrido por las aulas universitarias, no sabía leer. Con cierto temor al fracaso, se acercó una noche crucial a la oficina de Howard Babb, "un yanqui corpulento, al final de los 40, con acento de Maine". Babb era un profesor inteligente y abierto que, a diferencia de los expertos profesores universitarios, era un hábil lector. Ford narra minuciosamente la inolvidable noche con Howard Babb y cuenta cómo este le dio las claves para leer en profundidad un cuento de Sherwood Anderson.

La crónica evocativa es un ensayo autobiográfico. El encanto del texto radica en el modo sinuoso y melancólico de narrar como si fuera el episodio de una novela.

"La vida anormal"
Una de las perlas del libro es El hotel. En ese texto recuerda el viejo y hermoso hotel de su abuelo y cuenta que él vivió allí. ¿Cuánto ha influido la "vida anormal" del hotel en su escritura?

"El hotel se llamaba Marion y no era pequeño", dice Ford. "Little Rock era una ciudad descolorida y baja sobre un río lento y el hotel su lugar más moderno y lujoso". En la crónica aparecen los personajes del hotel: Harry Truman y Jack Dempsey y coquetas señoras del Delta.

"Los vendedores alquilaban habitaciones donde podían mostrar sus mercancías. Los suicidas, habitaciones individuales". Era evidente que se trataba de una vida rara, con un sentido diferente de la privacidad. Los clientes tenían su propia excentricidad y todos eran adultos. Ford tenía once años y un padre enfermo que viajaba mucho. Como si fuera una confesión que aclara el sentido de la escritura, Ford anota: "ahora sé que la vida normal es la que se puede explicar en una frase. La que no requiere preguntas".

Los mejores momentos del libro son aquellos en los que narra escenas de iniciación, de convivencia, de lectura. Esos relatos prodigiosos y encantadores oscilan entre el recuerdo y la construcción narrativa, entre la invención y la pericia sinuosa para armar el pasado.

Sus recuerdos como deportista frustrado, como boxeador impulsivo e irracional, como un niño que observa la decadencia iridiscente y rampante de un pueblo pequeño forman parte de una autobiografía fragmentada. Flores en las grietas es una lección de cómo narrar en otro registro con el oficio del novelista experto.

© LA GACETA
FABIÁN SOBERÓN