Hace siete décadas se inauguró oficialmente una de las más importantes obras viales de Tucumán en el siglo XX, que trajo un progreso significativo. La ruta N° 307 que une Acheral con Amaicha del Valle fue habilitada el 17 de enero de 1943, durante la gobernación de Miguel Critto. Hasta ese entonces para llegar a Tafí del Valle había que hacerlo a caballo o en mula, una travesía que solía hacer con frecuencia el inolvidable Atahualpa Yupanqui.

El camino, diseñado por el ingeniero estadounidense Richard Fontaine Maury, comenzó a construirse el 23 de septiembre de 1940 y se inició simultáneamente de los extremos. El costo del camino de 118,5 kilómetros fue de $3,5 millones. Este fue adquiriendo importancia por una cuestión no sólo turística, sino también comercial. Santa María del Valle de Catamarca se abastece de Tucumán que queda mucho más cerca que la capital de su provincia. La idea de integrar a esta población quedó reflejada ya al día siguiente de la inauguración de la ruta, cuando el entonces gobernador Critto fue agasajado con un almuerzo criollo en Santa María. Como también fuera una premonición de lo que sucedería luego a lo largo de los años, se produjo en esos días un derrumbe en el paraje Las Azucenas, como consecuencia de las intensas lluvias.

En 2007, el Gobierno firmó entonces un convenio con Vialidad Nacional para la concreción de obras por $ 150 millones. Para la ruta 307 se destinaron $ 61 millones. Se anticipó que se la iba a repavimentar desde Tafí del Valle hasta Colalao del Valle, donde comienza la ruta nacional 40. En marzo de 2008, el mal estado de la carretera en ese tramo, causó la preocupación de empresarios, comerciantes y habitantes de Amaicha y de la ciudad catamarqueña de Santa María. Señalaban que todos los días sufrían graves trastornos para trasladarse y que temían que este problema impactara en forma negativa en la actividad turística, especialmente durante la Semana Santa que se aproximaba. Durante los años siguientes se trabajo en el tramo que va desde Acheral a Tafí del Valle y luego las obras se extendieron hasta El Infiernillo.

A partir de allí las rajaduras, los baches del pavimento y tramos donde este casi ha desaparecido se prolongan hasta Amaicha del Valle. En la reciente cobertura del rally Dakar, uno de nuestro cronistas comprobó el deterioro del camino y en varios sectores, observó que el peso de los camiones y colectivos ha ocasionado ondulaciones en el asfalto que pueden ocasionar la pérdida de control si se circula a elevada velocidad.

En diversas ocasiones, el Gobierno ha expresado su intención de promover el turismo en toda la provincia, pero da la impresión de que la ruta 307 solo llegara hasta Tafí del Valle. El observatorio de Ampimpa, la Fiesta de la Pachamama, las Ruinas de Quilmes y las de El Pichao, los vinos de Colalao merecen, por cierto, un mejor trato. Si el camino estuviera en condiciones, seguramente la afluencia de turistas y de comprovincianos sería mayor.

Con las limitaciones tecnológicas de 1940, se construyeron los 118,5 km aproximados, entre Acheral y Amaicha, en dos años y cuatro meses, sin embargo, en más de un lustro de este siglo XXI, no se ha podido repavimentar aún este tramo de 50 kilómetros. ¿Eran más expeditivos los gobernantes de hace siete décadas? ¿Por qué antes se podían encarar obras de esta envergadura en tiempo y forma y ahora no?