De todas las cosas que se dijeron sobre la apertura de la calle Lucas Córdoba a través del parque Avellaneda, lo que más sorprendió es que los propios vecinos de la zona no supieran qué era lo que allí se estaba haciendo. No nos referimos al para qué: si para favorecer al Hilton (una de las supuestas razones, ampliamente difundida), si para mejorar la circulación de los automovilistas, si para delimitar el parque de la Maternidad... Nos referimos al más llano qué: cuando los consultamos, los vecinos no tenían idea qué era lo que estaban haciendo con su barrio, en su calle y en su parque.
No es su culpa, naturalmente. Ellos no están obligados a comprar los diarios, a ver los informativos, mucho menos a consultar las ordenanzas que se aprueban todos los días. El pecado es de la Municipalidad, que nuevamente pierde oportunidades de comunicarse con el vecino (o ciudadano o, en último lugar, contribuyente). Imperdonable.
Imperdonable por dos cosas: por un lado, los dueños del lugar, esos que nacieron y se criaron en la zona, que la viven y la sufren, sienten que el político de turno le impone "mejoras" que no siempre son vistas como tales. Por el otro, porque la Municipalidad -y todos- nos perdemos de escuchar ideas surgidas de los mismos usuarios y que muchas veces superan lo que se gesta en planos guardados en oficinas con aire acondicionado. Estamos en la era de la comunicación, entonces comuniquemos.