Fue una mañana de verano como cualquier otra. Llevaban sus cañas de pescar, el anzuelo y la necesidad de buscar alimento para todos los días. Ya instalados en la orilla del dique Celestino Gelsi, algo le llamó la atención a uno de los pescadores: del barro surgía parte de lo que parecía ser un objeto de cerámica antigua. José Rodríguez se arrodilló y comenzó a cavar delicadamente, con la convicción de que frente suyo un secreto iba a quedar al descubierto. Se sorprendió al encontrar una gran urna funeraria, con huesos humanos en su interior. Para Rodríguez, oriundo de El Cadillal, no hay que tener la vista muy entrenada para descubrir reliquias que emergen del fondo de las aguas. "Este lugar era un cementerio de los indios. Es común ver vasijas, morteros o bateas despedazadas. Están a montones, porque es un lugar donde no viene el turismo. Entonces, la misma naturaleza resguarda un poco el pasado", confesó el pescador, mientras buscaba y hallaba pequeños trozos de cerámica entre las piedras, los restos de caracoles y la tierra. De hecho, para llegar a la zona donde encontraron las valiosas piezas arqueológicas hay que viajar desde El Cadillal en auto o en moto por un camino de tierra durante 30 minutos (el mismo que conduce a Ticucho). Luego, al final de una calle casi oculta se encuentra la casa de Dominga Ortiz, que funciona como un peaje. En la zona, la mujer y uno de sus hijos son los únicos guías para pescadores: ellos saben por dónde hay que caminar -durante unos 20 minutos- para llegar al sitio donde se pueden capturar los mejores pejerreyes, bogas o bagres.

Trabajo artesanal

Con el tesoro al descubierto, José Rodríguez decidió denunciar el hallazgo en la Policía lacustre de la comuna y en el Museo Arqueológico local. Así fue como los arqueólogos Mariano Corbalán, de la Dirección de Patrimonio Cultural, y Guillermo Ortiz, investigador del Instituto de Arqueología de la UNT, iniciaron las tareas de rescate de la reliquia. "Los pescadores encontraron una urna antigua de la cultura Candelaria, de grandes dimensiones, con restos humanos dentro de ella. El rescate fue raro... los arqueólogos tuvieron que trabajar prácticamente con la mano, porque en el entorno hay mucha agua. Es decir, la forma para sacarla fue muy artesanal, aunque se trabajó con metodología arqueológica", explicó a LA GACETA Osvaldo Díaz, encargado del área Arqueología de la Dirección de Patrimonio Cultural. El profesional contó que por la presión del agua y la tierra, la urna se mantenía intacta, aunque estaba fracturada.

También comentó que en esta época, con las abundantes lluvias y la fluctuación del nivel del agua del dique, se erosiona el suelo y salen a la vista restos arqueológicos. "Nosotros tenemos un conflicto con los fetichistas, que creen que tienen el derecho de quedarse con las piezas. No entienden que por ley pertenecen al Estado. Nosotros dimos charlas en las 93 comunas de la provincia y en la Policía, en las que explicamos el procedimiento para actuar contra este tipo de delitos o cuando surgen denuncias como la de los pescadores", agregó Díaz.

Desde la mencionada dirección, a cargo de Mercedes Aguirre, indicaron que en la ley provincial 7.500 se aclara que los restos y objetos que tengan valor patrimonial cultural y que sean susceptibles de ser investigados, tienen el carácter jurídico de bienes muebles o inmuebles del dominio público provincial. "Es un delito tener este tipo de objetos si no están registrados por Cultura. Con la provincia de Salta trabajamos en conjunto para que se evite la venta y el tráfico de piezas arqueológicas. Pero no es algo de ahora; desde 2008 trabajamos en la concientización", advirtió Aguirre.