Ellos vienen, tiran toda la basura acá y si uno les dice algo te insultan. Hace poco vinieron a mi casa a buscarme y yo salí con un revólver. ¿A qué tenemos que llegar? Pero si la Policía no nos da respuestas, nosotros algo tenemos que hacer. (Vecina de Alfredo Palacios entre Blas Parera y López y Planes, Villa 9 de Julio. Pidió mantener en reserva su nombre por razones de seguridad).

A pocos metros de la autopista que bordea el límite este de la ciudad, algo huele mal. Los vecinos están indignados porque lo único que pueden hacer es mirar desde la ventana cómo se acumula la basura en la puertas de sus casas. Algunos, como Karina Vizcarra (36 años), tienen que limpiar los accesos con palas porque si no, no podrían entrar con sus vehículos: la montaña de residuos se esparce y las soluciones de fondo no llegan.

Algo huele mal porque en esos 100 metros de desperdicios hay restos de comida, moscas, gusanos, pericotes, ratas y hasta animales muertos. Los perros husmean las bolsas y entran a las casas con lo que encuentran. Los chicos sienten una atracción fatal para ir a revolver entre la pudredumbre y las madres no dan abasto para sujetarlos. Pero las cosas huelen peor porque los vecinos comenzaron a pelearse, acusándose unos a otros de permitir que los carros tiren basura o de recibir "un peaje" a costa de la salud del barrio.

En un recorrido que realizó LA GACETA, empleados de una empresa de transportes instalada en Alfredo Palacios y Raúl Colombres quemaban cubiertas y bolsas en diferentes sectores del histórico basural. No era una manifestación ni mucho menos, sino mero instinto de supervivencia. "Si no lo incendiamos el olor y las moscas son insoportables. Hasta caballos muertos encontramos acá. Yo entiendo que hay gente a la que le hace mal el humo, pero así no podemos vivir", se justifica Juan Rotger, propietario de la empresa. Hace siete años, cuando él se asentó en el barrio, el basural crecía frente al ingreso de su galpón, y logró erradicarlo a fuerza de montar guardia y correr a los carreros. En realidad, lo único que logró es correrlo unos 50 metros hacia el norte, pero el problema persiste.

"Acá hemos visto gente tirando hasta achuras de chancho. Al mediodía es imposible comer porque las moscas no te dejan", cuenta Luis Reyes Jiménez, vecino de López y Planes al 1.200. Su mujer, Mercedes Bellizzi, padece enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y el humo y la contaminación que emana el basural le producen una tos incontrolable.

Cuidados paliativos

Desde la Municipalidad aseguran que tienen registrado el basural de Alfredo Palacios al 1.400, pero admiten que la frecuencia con la que recogen los residuos no es suficiente. "Los camiones van una vez por semana. Es cierto que no está alcanzando, pero estamos licitando la compra de camiones para que atiendan los basurales informales", dijo Atilio Belloni, subsecretario de Obras Públicas. Sin embargo, los vecinos aseguran que la frecuencia es mucho menor y que no obtienen respuestas de la Policía ni de la Municipalidad cuando denuncian.

Según Belloni, en algunos puntos de la ciudad han dado resultado las modificaciones del entorno urbano para evitar que se arrojen residuos, pero en otros no hay medida que logre combatirlos. Sobre Alfredo Palacios, los vecinos construyeron una gruta para evitar que se vuelque basura, pero de nada sirvió. "Ni siquiera podemos decir que sería efectivo instalar consignas policiales de 24 horas -como piden algunos vecinos- porque hay más de 100 basurales y no se puede destinar personal policial para todos", señaló el funcionario.

Para la Municipalidad, entonces, la esperanza está puesta en la flota propia de camiones para limpiar los basurales. Será un cuidado paliativo ante la imposibilidad de erradicarlos. "Si aumentamos la frecuencia de recolección de una vez por semana a una vez cada dos días vamos a reducir a cero la basura en esos sectores", analizó Belloni. Sin embargo, y según los datos oficiales proporcionados por la propia Dirección de Higiene Urbana, entre que se limpia y se vuelve a generar un basural pasan unas tres horas.

La Madrid al 3.600 (parque Guillermina)

La casa de la cultura del bicentenario tiene un vecino repugnante

De un lado, la flamante Casa del Bicentenario, con una arquitectura novísima y actividades culturales. Del otro lado del cerco, el basural más grande de la zona Oeste de la ciudad se expande, según los datos de la Municipalidad. Desde que taparon los piletones de ese predio, donde además funciona un CIC, de todas las zonas cercanas se acercan a tirar desperdicios allí. Y los vecinos ya piensan en tomar cartas en el asunto. "En un momento estuvimos a punto de llenar de bolsas de basura la esquina de Adolfo de la Vega y La Madrid a modo de protesta. El olor y las moscas son insoportables, no hay manera de controlar esto", se quejó Silvia Asen, que vive al frente del basural.

Ernesto Padilla al 200

A plena luz del día y a la vista de todo el mundo, los carros arrojan la basura

En la avenida Ernesto Padilla, una arteria muy transitada durante las horas pico, los carreros no tienen reparos en volcar la basura. Un montículo aparece y desaparece a diario en un baldío entre calles San Lorenzo y Las Piedras, y los vecinos se fueron acostumbrando. "Nadie les dice nada. El basural antes era a una cuadra de aquí, construyeron una gruta de la Virgen y ahora se trasladó. A veces limpiamos nosotros, pero los yuyos crecen", contó Miguel Álvarez, empleado de una empresa metalúrgica. Según la vecina Inés González, los llamados a la Municipalidad son constantes, pero no les dan solución.