Se suele decir que es uno de los mejores amigos del hombre. Generoso. Noble. Silencioso. Da mucho a cambio de muy poco. Sólo pide cuidado, sobre todo en las urbes, donde están a menudo merced del vandalismo. Sin embargo, este afecto que ellos nos profesan, no pareciera ser recíproco en Tucumán, donde con frecuencia son mutilados y se convierten en mala noticia cuando tras una tormenta poderosa se desploman ocasionando daños o de sólo estar -como diría el poeta Manuel Castilla- se caen y provocan una tragedia, como sucedió con un árbol de avenida Sarmiento al 700 que se desplomó sobre un motociclista y causó su muerte.

Según el autor de la Guía de Arbolado de Tucumán, la platabanda donde estaba el enorme lapacho -de alrededor de 70 años- se había enangostado provocándole un perjuicio a las raíces. "Los lapachos son buenos árboles para la ciudad, su madera es resistente. Un árbol bien cuidado da sus beneficios, el descuidado reacciona de mala manera. Muchas prácticas corrientes como prenderles fuego, tirarles cemento o podarlos sin criterio los debilitan. Se cree que la poda no los daña o que luego crecen más fuertes. En realidad la poda es una herida que puede durar años", dijo el experto. Si está mal hecha puede favorecer la aparición de hongos y puede terminar matándolos. La Sociedad Amigos del Árbol advirtió que la caída de ejemplares podría evitarse si se realizara un cuidado sanitario y un control de las especies y dijo que la mayoría de los tarcos ubicados en la calle 25 de Mayo corren riesgo de desplomarse. En un relevamiento realizado por nuestro diario, se constató, por ejemplo, que en la avenida Avellaneda al 800 las raíces de un árbol han superado el ancho de la platabanda y ha avanzado sobre la calzada, mientras que en la avenida Soldati entre el 100 y el 200, las raíces de un imponente ejemplar ha destruido el cantero, ha levantado la vereda y tiene una inclinación peligrosa.

Muchos vecinos solicitan los servicios de la Dirección de Parques y Jardines para podar o extraer un árbol que les está provocando perjuicio. Sin embargo, muchas veces reciben sólo promesas, como se lee con frecuencia en nuestra sección de Cartas de Lectores. Algunos terminan haciendo la poda por mano propia, con el riesgo de hacerla mal o de que los multen. Es penosa la mutilación que ha sufrido un hermoso roble ubicado en el Paseo de los Próceres en el boulevard Lavalle, entre Ayacucho y Jujuy. Con frecuencia, las firmas constructoras suelen destruir los árboles porque les molestan; en las pavimentaciones, construcción de cordones cuneta o otras obras públicas, se mutilan partes de sus raíces con consecuencias nefastas.

En otras ocasiones, hemos sugerido en esta columna que la Municipalidad podría conformar un equipo, integrado por especialistas, con el asesoramiento del Instituto Lillo y de la Facultad de Agronomía, para que se ocupara del mantenimiento, así como de las enfermedades del arbolado urbano. Debería disponer del personal necesario para efectuar la poda. Por ejemplo, en la plaza Rivadavia, sobre calle Bolívar, hay antiguos y frondosos ejemplares, cuyas ramas han avanzado sobre la calle y en algún momento pueden quebrarse. ¿Por qué esperar a que ello suceda y provoquen una tragedia? Sería bueno que el tucumano fuera también el mejor amigo del árbol. "Y, en cordial semejanza, buen árbol, quizá pronto te recuerde, cuando brote en mi vida una esperanza que se parezca un poco a tu hoja verde…", escribió el poeta Antonio Machado.