BUENOS AIRES.- Argentina termina un 2012 difícil, en el que la locomotora económica que le permitió crecer a fuerte ritmo desde hace casi una década se sumergió en una "estanflación" (por estancamiento e inflación), con un marcado declive del apoyo popular a la presidenta Cristina Fernández. En el plazo de un año, pasó de ser reelegida para un segundo mandato con el 54% de los votos a contar con una imagen negativa del 60% y una positiva del 30%, según coinciden varias encuestas.

El clima confrontativo se agudizó y la sociedad se dividió en pro K y anti K, sin grises ni matices. Dos cacerolazos multitudinarios y la primera huelga general nacional de los gremios opositores dieron la nota en los últimos meses del malhumor social. "Las preocupaciones pasan por el bolsillo. Con el menor crecimiento económico salieron a la luz otros temas que preocupan a la gente, como la inseguridad, la inflación, el desempleo y la corrupción", afirmó el economista jefe de Management&Fit, Matías Carugati.

Según estimaciones de la Cepal, Argentina cerrará 2012 con un crecimiento del 2%. Los cálculos de consultoras privadas bajan las previsiones a entre un 0% y un 2%, con una inflación que de acuerdo al índice que difunden legisladores opositores en el Congreso se ubicará al menos en un 25% anual.

"Estamos en un año que se podría llamar de estanflación, pero los pronósticos para 2013 son más optimistas, con un mayor movimiento gracias al aumento de la demanda externa, aunque con un ritmo de aumento de precios similar al actual", señaló Carugati.

La desaceleración económica fue consecuencia de una combinación de factores. En el frente externo hubo una menor demanda de Brasil -principal socio comercial de Argentina- y de otros destinos de exportaciones. En el interno, las restricciones a las importaciones afectaron al sector productivo y frenaron la llegada de inversiones, mientras que los férreos controles en el mercado de divisas impactaron con fuerza en el mercado inmobiliario y por ello en el sector de la construcción, uno de los principales creadores de empleo.

Las trabas en el comercio generaron además roces con socios clave y le costaron a Buenos Aires demandas ante la Organización Mundial de Comercio (OMC).

"La inflación, los problemas cambiarios y la pérdida de competitividad necesitan una solución conjunta, no se pueden atacar por separado", advirtió el economista, ante un escenario con el mayor déficit fiscal desde que el kirchnerismo llegó al poder en 2003, crisis energética y con una marcada caída de las inversiones extranjeras.

La expropiación del 51% de las acciones de la petrolera YPF que estaban en manos del grupo español Repsol empeoró el clima de negocios de las empresas extranjeras en el país, por el cambio constante de las reglas de juego, y enturbió las relaciones con España, principal inversor externo en la Argentina.

Los fondos de inversión especulativos, considerados "buitres" por el gobierno, volvieron a posar en tanto su sombra sobre Argentina, al reclamar el embargo durante más de dos meses de la fragata insignia de la Armada argentina en Ghana a través de una demanda ante la justicia de aquel país africano, en una crisis que debió ser resuelta por el Tribunal del Mar, y por los juicios que llevan adelante en Nueva York en reclamo del pago de los bonos soberanos que están en moratoria desde 2001, ya que no aceptaron la reestructuración de la deuda argentina lanzada en 2005 y 2010.

El fallo de un juez de distrito de Nueva York reclamando el trato igualitario para los que poseen bonos en moratoria con los que aceptaron la reestructuración puso a Buenos Aires en riesgo de un "default técnico", pero la decisión fue suspendida por la Corte de Apelaciones y se definirá en febrero.