"Mi niñez era inhóspita, dolía atravesarla/ hasta el oasis fresco cercado por los cines./ Una moneda apenas compraba aquel tesoro/ (costaba conseguirla: sangre, sudor y lágrimas) / Eran cavernas dulces levemente siniestras/ donde todos soñábamos o yo sólo soñaba /...../ No se lleven los cines donde fuimos el mundo./ No se lleven los mundos que acuñaron mi infancia./ ¿Dónde vamos a ir, otra vez, a encontrarnos/ con esa marejada de insepultuosa nostalgia?/" 

El fragmento de "Rezongo funeral por los cines de barrios", del poeta, ensayista, traductor, editor y crítico argentino Rodolfo Alonso, define con precisión la existencia y personalidad de Ricardo Antonio Brunetti

No en vano, este guardián y meticuloso investigador del cine en Tucumán, incluyó esa parte del poema de Alonso -publicado en LA GACETA Literaria del 1 de octubre de 2000- en su libro "Biógrafos, cinemas y cines... Una historia de los cines de San Miguel de Tucumán". El texto -de edición limitada y agotada- se publicó hace más de un lustro. Pero el disparador de este cuidadoso trabajo, que abarca desde la llegada del cinematógrafo a esta provincia -en 1908-, hasta los primeros años del nuevo milenio, fue el estreno de "Cinema Paradiso", el 24 de mayo de 1990, en el otrora cine Plaza (San Martín 473). A partir de esa víspera de la Revolución de Mayo, el profesor Brunetti hizo un click en su rutina de docente secundario en ejercicio para obsesionarse con el guión, la música, las imágenes y los diálogos del filme escrito y dirigido por el siciliano Giuseppe Tornatore

Fantasías de niño

Celuloide, afiches, latas de películas, fotos de Tornatore, libros, la video, la PC, dos sillas y una mesa. En ese espacio diminuto pero a la vez infinito, repleto de recuerdos y nostalgias, Brunetti trabaja, custodia y sueña. Un lugar tan personal e intimista que invadimos en el ocaso de un día del tórrido noviembre tucumano. No hace falta preguntarle para que hable. "Desde los cinco o seis años iba al cine. A las matinées del Edison (9 de Julio y General Paz). Series como 'Flash Gordon', 'El jinete escarlata', 'Fumanchú', 'El hombre cohete' y 'El llanero solitario' inflamaban mi imaginación de changuito. A la noche, con mi madre, concurría al cine Independencia (Marina Alfaro 949) para ver otro tipo de películas", detalló el jubilado profesor de Geografía, que ejerció 28 años en el Gymnasium Universitario.

"En ese tiempo -añadió-, hubo una película que me impactó: 'La Strada' -la calle-, de Federico Fellini, con Giulietta Massina (Gelsomina) y Anthony Quinn (Zampanó) en los roles protagónicos de esa historia de amor. Los tres no eran famosos todavía, pero ese filme me llevó a ver otro tipo de producciones y a disfrutar del buen cine".

El despertar

Ir al cine fue un hábito durante la adolescencia y juventud del profesor Brunetti, casado con su colega Ramona Serrano, que llegó a doctorarse en Lingüística. "Incluso iba a las salas mientras estudiaba y trabajaba. Pero después de casarme relegué ese hábito. Sin embargo, igual recorría las salas para admirar los afiches de las carteleras. Eran verdaderas obras de artes. Por lo general, incluían dibujos de color y no fotografías, como ahora", subrayó.

En los 90, Brunetti contó que mientras observaba el afiche de "Cinema Paradiso" pegado en las puertas del cine Plaza se le acercó un amigo y le preguntó: "¿te agradó esta película?" Él le respondió que no y que ignoraba su argumento porque ya no iba al cine por razones económicas. Además le dijo que no le atraían las películas actuales.

"Mi amigo me sugirió que la alquile en un video -añadió-. Ese mediodía la alquilé y a la siesta la disfruté por primera vez. Lloré como en este momento. Me acuerdo cuando la madre, desde su pueblo en Sicilia, le habla por teléfono a su hijo Totó -que estaba en Roma- para comunicarle que había muerto su amigo de la infancia, Alfredo. Ahí me dije: '¡mi Dios, qué estoy viendo aquí. Qué cosa extraordinaria!' Bueno... la película sigue".

Una enseñanza

"'Cinema Paradiso' me trajo recuerdos de la infancia -sostiene Brunetti-. El filme para mí no es solo la historia del cine y una historia de amor, sino también una enseñanza de vida. Me cambió la vida esa película. Me hizo revalorizar el pasado, el lugar donde nací, a mi madre, a los amigos, como lo son Alfredo y Totó. Me impulsó a no olvidarme de los amores de la juventud, del cine y todo de lo que uno vivió rodeado cuando era niño. Eso es lo que me enseñó y enseña 'Cinema Paradiso'".