Finalmente, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha reconocido implícitamente por una amplísima mayoría a un Estado soberano de Palestina, en un acto de sinceramiento democrático y de realismo político largamente esperado por buena parte de la comunidad internacional. Este hecho de gran trascendencia histórica se concretó justamente el día en el que se cumplió el 65° aniversario de la adopción de la resolución 181 por el organismo de la ONU que dividió a la región Palestina (hasta 1947 controlada por el Reino Unido) en estados árabes y judíos separados. Los gobiernos árabes rechazaron la decisión y sólo Israel fue reconocido como Estado, unos meses más tarde por la ONU.
El triunfo de los palestinos en las Naciones Unidas implica un revés diplomático para Estados Unidos e Israel, que fueron apoyados por un puñado de países en su oposición a una iniciativa que modificó el estado de observador de la Autoridad Nacional Palestina a "Estado miembro de la ONU", igualando esa condición con la que dispone el Vaticano. Los palestinos necesitaban una mayoría simple de 97 votos favorables para aprobar el pedido que formuló su presidente Mahmud Abas en la asamblea de 193 miembros; la resolución adoptada con 138 votos a favor, 41 abstenciones y nueve en contra expone la amplísima adhesión que tuvo la iniciativa que hasta aquí no había conseguido tamaño consenso. La Argentina ha sido uno de los países que apoyó la petición de Abas.
La resolución se pronuncia a favor de los derechos inalienables del pueblo palestino y propugna por un Estado palestino independiente, soberano, democrático y contiguo con las fronteras definidas antes de la guerra de 1967, que Israel libró contra Egipto, Jordania, Irak y Siria y en la que conquistó territorios palestinos y de otros países. Para rechazar la propuesta, Israel, que ha ocupado Cisjordania y Jerusalén Este desde ese año, dice que un Estado palestino debe ser producto de negociaciones directas y un acuerdo de paz que imponga medidas de seguridad y determine fronteras que no supongan un peligro para sus habitantes.
El Medio Oriente se ha caracterizado durante años por la convulsión, las tensiones y guerras sucesivas, de tal forma que distintos planes de paz han fracasado. La tozudez de uno y otro lado -en medio de una gran complejidad política interna en las que grupos extremistas han boicoteado más de una alternativa- han hecho estériles algunos intentos de paz. Los gobiernos de Estados Unidos han sido firmes aliados políticos y militares en esta estrategia israelí, que, durante mucho tiempo fue compartida por una mayoría de países, pese a algunos esfuerzos más bien simbólicos por encontrar una solución duradera. Ahora, ese panorama se ha modificado y la causa palestina ha ido logrando cada vez más adhesiones y apoyos. Celebrado como un triunfo en los pueblos árabes y con severas advertencias y controvertidas decisiones por el Gobierno israelí, el avance democratizador sucedido en el seno de la ONU debería traer una renovada esperanza de paz y no causal de nuevas disputas y desencuentros. Así como la sensatez y la responsabilidad ha ganado lugar en la política de exterior de muchos gobiernos sería importante también que ese ejemplo virtuoso para encauzar el diálogo y los acuerdos.