Uno de los principales problemas que deben enfrentar los países en vías de desarrollo es la marginación social. Miles de argentinos -también de tucumanos- viven en villas miseria, que a menudo carecen de casi o de todos los servicios. Chapas, cartones, maderas, piso de tierra, letrinas pintan ese paisaje de la miseria, de la indignidad, del atraso de cualquier comunidad. Por esa razón, son muy importantes todas las iniciativas en pro de dignificar a nuestros conciudadanos.

En nuestra edición de ayer, informamos que en febrero o marzo próximo, a través del programa Federal de Urbanización de Villas y Asentamientos Precarios, que ejecuta el Instituto Provincial de la Vivienda y Desarrollo Urbano (Ipvdu), serán trasladados a un nuevo barrio los habitantes de "El Triángulo", ubicado entre Frías Silva y Bolívar, y del asentamiento del pasaje Misiones, entre Las Heras y Entre Ríos (en Villa Alem) y el que está en los terrenos de la Escuela de Formación Profesional N°3 en el barrio Juan XXIII (La Bombilla), entre Chile y Juan José Paso.

Se trata de 100 viviendas que se están construyendo entre San Miguel de Tucumán y El Manantial. Algunas tienen cuatro dormitorios; el 5% está destinado a familias con discapacitados (espacios de grandes dimensiones, puertas anchas y botones antipánico en el baño). En las cercanías del futuro vecindario funcionan un Centro Integrador Comunitario, un CAPS, pasan dos líneas de ómnibus (10 y 12) y se instalaron dos nuevas escuelas. "Es un programa muy lindo. Las personas que se van a mudar no abonan las cuotas de las viviendas, porque está financiado por el Estado nacional. A veces es muy difícil llevar una política con las villas, porque venden el lote, se llevan las casillas o desbaratan las casas. Luego se van a otro lado. No volvemos a darles soluciones habitacionales a la misma persona, por eso los registramos", dijo el responsable de este programa federal.

Los vecinos de El Triángulo tienen optimismo moderado; algunos dicen que si también son trasladados los delincuentes la situación de inseguridad y de marginalidad no va a cambiar en la nueva locación, mientras otros aceptan trasladarse y hay quienes piensan resistirse a la relocalización: "El intendente o el gobernador nunca caminaron por estas calles (...) nadie nos regaló nada. ¿Creés que vamos a permitir que nos tiren en cualquier parte?", dijo una vecina.

La iniciativa es positiva en sus intenciones, pero también ha generado inquietud en El Manantial, en virtud de que se trata de una experiencia de resolución forzada de problemas sociales que las comunidades suelen afrontar, por lo general, mediante acciones para integrar de modo paulatino diferentes sectores. Eso, claro está, debería haber comenzado con políticas fuertes para hacer frente a la formación misma de asentamientos irregulares.

No obstante, esta novel experiencia requeriría acciones complementarias como un censo para conocer no sólo la cantidad de personas que viven en esas barriadas, sino también cuál es su actividad ocupacional, su nivel educativo y aportar guía para que los habitantes de los nuevos barrios puedan integrarse, tal vez mediante cooperativas de trabajo. Se debería pensar también en alfabetizar a los adultos que no tengan estudios de ningún tipo. De esa manera, se les brindaría la posibilidad de mejorar su calidad de vida, proporcionándoles una de las herramientas básicas para el progreso de cualquier comunidad, como es la educación.