Desesperada tomó el teléfono de su casa y marcó. Le había costado algunos minutos encontrar el número en la guía hasta que dio con él. Fueron tres intentos seguidos con el horrible sonido de ocupado como única respuesta. Marcó otra vez y esta vez fue el tono de llamada. Espero, esperó, esperó, y nada..... Repitió la operación dos veces más hasta que por fin la atendieron: "Comisaría...". Ema Dolores Alderetes, de Villa Luján, creía haber visto una luz de esperanza. Desde hacía varios minutos dos desconocidos en moto se habían instalado frente a su casa y ella buscaba ayuda. Pero.... "No tenemos móvil, señora. Llame al Comando Radioeléctrico", le dijo el policía, y sin dar tiempo a más, cortó. Lamentablemente, el Gobierno ya decidió que los botones antipánico estuvieran instalados en pleno centro, y no en Villa Luján.
José Alperovich ya lleva nueve años en el poder. O sea, él, o alguno de quienes detentan la política de seguridad deben saber que estamos a días de entrar en la época más crítica en índices delictivos. Siempre fin de año es un dolor de cabeza. Quiénes más lo sufren son los ciudadanos. Los delincuentes quieren hacer su propio verano. Y sus acciones recrudecen. Hasta aquí, a pesar del tiempo y de la experiencia, ninguno de los dos ministros de Seguridad que pasaron por Casa de Gobierno, Pablo Baillo y Mario López Herrera, ni los tres jefes de Policía, Pedro Ledesma, Hugo Sánchez y Jorge Racedo pudieron o supieron revertir esta estadística. Raro además que, al ser casi a fin de noviembre el Día de la Policía, siempre reciben del gobernador "regalos" para mostrar que también se invierte en seguridad. El martes fueron dos móviles para la Policía Científica, y cascos y chalecos para distintas dependencias. ¿Sabrá el gobernador, por ejemplo, que además de algunas seccionales de la Capital, la comisaría de Raco, que además tiene jurisdicción en El Siambón y parte de Anfama, tampoco tiene móvil y además hay sólo tres policías por turno? Debería saberlo ya que varios de sus funcionarios tienen casas de descanso en la zona.
Si la seguridad es una política de Estado, el gobernador ya debería haber hecho todo lo necesario para desalentar la pelea intestina que sostienen, por un lado, el legislador Gerónimo Vargas Aignasse, que hace campaña entregando botones antipánico y alarmas en distintos barrios, y el ministro López Herrera, que ve en el hombre de Villa 9 de Julio a alguien que, como se dice, le está serruchando el piso. En vez de trabajar en forma mancomunada, muchos utilizan algo tan sensible como los ataques delictivos para sumar puntos en su propio juego, sin advertir que los únicos que pierden son los ciudadanos. Si la seguridad realmente fuera una política de Estado no se entiende a quién se le ocurrió poner los ya famosos botones antipánico en dos de las esquinas más congestionadas del microcentro, Crisóstomo Álvarez y Congreso y San Martín y Muñecas. ¿No hay policías a metros de la Casa Histórica? ¿Nadie patrulla la zona más álgida de la City bancaria? ¿Dónde están los policías que deberían caminar por allí? La Patrulla Urbana fue desguazada (lo admitió el ex jefe Víctor Lisandro en una declaración judicial) y nadie sabe a ciencia cierta dónde fueron a parar sus integrantes. En la calle, al menos, no se los ve. Y cualquier tucumano puede dar fe de ello.
Luego de tantos años de más errores que aciertos, no hay dudas de que una Policía bien equipada no es sinónimo de buena Policía. Para serlo, además, hacen falta planes, estrategias y sobre todo compromiso de quienes tienen en sus manos un tema tan sensible. Teniendo en cuenta que llega fin de año, algunos podrían comenzar a escribir una carta a Papá Noel para pedirle que de regalo les traiga algo de eso.