Estamos convencidos de que el transcurso del tiempo es irremediable. Que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. Que no existe el hubiera o el hubiese, sino el hay o el hubo. Que cualquier trazo es irreversible y que no podemos borrar nuestra historia como borramos un texto a lápiz con una goma de dos colores. No se puede. Porque el tiempo es lo único que realmente nos pertenece. Incluso el que no tiene nada cuenta con algo: cuenta con el tiempo. Sin embargo, a veces, la vida nos pone en un limbo, donde el tiempo no existe. Algunos experimentan ese momento durante un viaje revelador. Otros, cuando se enamoran irremediable y dulcemente. Y unos cuantos, cuando leen a conciencia un texto de Mark Twain. Sí, porque el autor de "Las aventuras de Tom Sawyer" o de "El príncipe y el mendigo", entre otras obras clásicas, es un viejo que aún nos cuestiona en silencio. Y como mañana se cumplen 177 años de su nacimiento, vale la pena escuchar algunas de sus enseñanzas. Twain cree, por ejemplo, que la vida es una portentosa hazaña. Y en sus libros, da las pautas para vivirla a pleno. Dice, por ejemplo:

- "La honestidad es la mejor de todas las artes perdidas".

- "La raza humana tiene un arma muy eficaz: la risa".

- "Sé virtuoso y te tendrán por excéntrico".

- "Cada vez que te encuentres del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar".

Leer estas palabras provoca arrebato. A algunos los sacan del tiempo. A otros los ponen en él. Lo importante es dejarse hechizar, de vez en cuando, por la magia de este viejito del siglo XIX. Un viejito que sigue hablándonos al oído, aunque pocos lo quieran escuchar.