Los relojes de los políticos adelantan. No se trata de minutos ni de horas. Las agujas marcan los tiempos de lo que ocurrirá dentro de seis meses, por lo menos. Este es el criterio del oficialismo provincial, que termina descolocando a la oposición que, cuando reacciona, por lo general ya es tarde.

Este jueves Tucumán va a estar descabezado. Todos los intendentes, un buen porcentaje de funcionarios del Poder Ejecutivo y todos los comisionados rurales viajarán a Buenos Aires a recibir la promesa de fondos para realizar obras. Horas antes de que comience el último mes del año, los principales actores del poder estarán recibiendo un cheque en blanco para encarar emprendimientos en un año en el que se votará para reorganizar el Congreso, pero en verdad -otra vez los relojes-, se estará haciendo el esbozo de lo que será 2015.

La Argentina ha entrado en tiempos de especulación.

El gobernador de la provincia hace acullicos de préstamos y de dineros para que el año electoral no lo sorprenda con nada. Ahora, sólo le falta confeccionar la lista de los cuatro diputados nacionales que debe renovar la provincia.

En elecciones anteriores Alperovich le dio la lapicera a Néstor o a Cristina, para que llenen los casilleros que quieran y, si le dejaban alguno libre, ahí sí, lo llenaba él. De ese modo el primo Benjamín logró llegar al Congreso.

El gobernador tiene claro que lo que diga la Rosada es ley. Por eso si la lista queda integrada por alguien de La Cámpora y por Stella Maris Córdoba -una K histórica- no sólo no dirá nada, sino que agachará la cabeza aunque esté en desacuerdo. Así son los signos de estos tiempos políticos. El que maneja el poder tiene las riendas muy cortas; y al que más obedece mejor le va.

Números rosados
El Presupuesto 2013 es muy claro en eso. Es un año electoral, y se aprueba sin discusiones. No hay respuestas a las preguntas que se hacen sobre lo que recibirá el Poder Legislativo, porque sería empezar a tirar del mantel. Nadie discute, tampoco, que la pauta inflacionaria prevista sea del 11%. Sólo se cumplió con la Nación, que hizo lo mismo en el Presupuesto nacional. Sin embargo, en la provincia los cálculos son otros. Tanto en el Poder Ejecutivo como los que manejan los números en la Legislatura tienen datos precisos y fehacientes de que la pauta inflacionaria debería estar 10 puntos por arriba de lo previsto. Pero el temor a las represalias es tal que mienten para esconder sus propias convicciones. 

La lógica oficialista no sabe de transparencias ni de obligaciones legales. El objetivo es cumplir con las necesidades del poder a como dé lugar.

En el ajedrez del gobernador la pieza más valiosa es la dama. Su esposa se ha convertido en la pieza clave de su futuro. El reloj determina que la partida concluirá en 2014. Ese año el gobernador tomará la decisión. Mientras tanto saca los alfiles y los caballos para que pongan sobre el tablero la posibilidad de una reforma constitucional que le dé una reelección más. Dicho de otra manera: para que nunca aparezca debilitado.

La estrategia de Alperovich es buena para su construcción de poder. Así transmite que en 2015 será su esposa o él quienes continúen manejando el poder en la provincia, tal cual lo han hecho en los últimos nueve años. Ni siquiera dejan abierta la posibilidad de que haya un tercero en discordia. Cuando Alperovich no los escucha, unos "sijosesistas" arriesgan que el gobernador podría llegar a sacrificar la dama y a poner un príncipe heredero, pero hasta ahora ese no ha aparecido.

Otros "sijosesistas" especulan con que si el matrimonio desiste de sus ambiciones, el elegido sería "El hombre que él inventó". A la sombra de Alperovich, Juan Manzur ha sabido conservar afectos y cargos -es vicegobernador de la provincia y ministro de Salud de la Nación-, pero también ha acumulado tantos emolumentos que la Justicia federal lo tiene en jaque.

Las últimas manifestaciones populares han advertido que cualquier intento reeleccionista puede ser un bumerán. El mensaje llegó a oídos de Cristina y de Alperovich, como gritos reprobatorios; pero debe haber sonado como una sinfonía en los de Beatriz Rojkés. La senadora tucumana ha pasado un año tenso. A la alegría de haber sido elegida por Cristina como la tercera autoridad del país le han seguido algunas complicaciones en sus apariciones públicas, que la han llevado a bajar al máximo su perfil. Si cuando se renueven las autoridades del Senado, la Presidenta no le renueva la confianza al alperovichismo se le encenderá una luz de alerta. En la Casa de Gobierno miran con atención estas señales porque la comunicación con Cristina no existe. Ella se ha convertido en una entelequia que interpretan improvisados exégetas, que ni siquiera están seguros de lo que dice. Desde la muerte de Néstor lo que más consiguen los gobernadores son señales de ministros que dicen saber qué puede querer la Presidenta, pero no tienen mensajes directos. Los que suelen llegar a los actos presidenciales confirman que en los viajes a cambio de los aplausos que dan reciben un estrechón de manos, pero nada más.

Miedo al miedo
El 8N no sólo dejó un mensaje de descontento y el cerrojo a la reforma constitucional, también dejó la señal de que hay quienes le perdieron el miedo a diferenciarse. Esta semana que se fue se reconfirmó con el paro nacional, que se hizo sin la total libertad que declamó y con la violencia que deja ver la incapacidad de hacer las cosas con más calidad. Esas son las reglas de juego de estos tiempos, sea oficialista u opositor. Eso impide conocer la realidad en que se vive. 

Animarse parece ser el verbo que entusiasma y alegra a los que se alistan en el equipo que enfrenta a los K. Jorge Lanata recibe reconocimientos porque se anima a decir cosas, aun cuando las viste con el ropaje de show. Las calles se pueblan y dejan la sensación de éxito, porque hay gente que se anima a decir que no le gusta algo. No es una buena señal que en una democracia animarse sea sinónimo de logro. En realidad, que este sea el verbo de moda de la oposición es una prueba de la debilidad y de la orfandad en la que se mueve.

En Tucumán pasa lo mismo. A Alperovich no llegan ni las esquirlas de lo que recibe Cristina. Sin embargo, sectores han empezado a animársele al mandatario provincial y a su gestión. La pelea con la Asociación Bancaria o, específicamente, con el dirigente Carlos Cisneros promete ser una batalla de largo aliento. A los primeros gritos ya se han sucedido empujones y se están preparando los más diversos artilugios para esta guerra. No parece que vayan a haber pactos. Cisneros, como Lanata y como los que se animan, recibe inesperadas palmadas por el sólo hecho de animarse. Esa parece ser la peor ofensa para Alperovich, que tras nueve años de gestión quiere oír las loas por su tarea.

En el equipo de los que se animan siempre está el denunciólogo Oscar López, que ha puesto el dedo en la llaga del Tribunal de Cuentas, pero, especialmente, en la suma de propiedades de Manzur, el hombre mimado del gobernador. Mientras el ex menemista lleva sus misiles a Tribunales, en la Municipalidad se atrincheró definitivamente el ex diputado nacional Germán Alfaro. Hasta no hace mucho el concejal amayista se había mantenido muy crítico al alperovichismo; en estos días se ha parapetado. La tibieza de su principal referente, el intendente Domingo Amaya, pone paños fríos al enojo de Alfaro que dice atesorar verdades peronistas de las que el oficialismo no puede hacer gala. A ellos también se les suman algunas fuerzas gremiales, que se envalentonan en la medida en que los camioneros hacen sonar sus bocinas.

No ha llegado diciembre y 2013 ya ha llegado. Especulaciones, enfrentamientos, elecciones de poca monta presentes y trascendentes para el futuro y una oposición desconcertada, pero ilusionada ya empezaron a jugar sus cartas, un poco antes de tiempo.