EL CAIRO.- Opositores y partidarios del presidente, Mohamed Mursi, se enfrentaron ayer duramente en varios puntos de Egipto durante marchas a favor y en contra de los nuevos poderes que se otorgó a sí mismo el mandatario, que suponen un recorte de las competencias de la Justicia.

En medio de una creciente polarización, militantes laicos incendiaron sedes del partido para la Libertad y la Justicia, brazo político de los Hermanos Musulmanes, en Alejandría, Suez, Port Said e Ismailía, mientras que se evitó un ataque a un edificio en las afueras de El Cairo. La Policía intervino en varios lugares, con desalojos a la fuerza de plazas ocupadas, como la cairota Tahrir. Los incidentes causaron decenas de heridos.

Cientos de seguidores del jefe de Estado le manifestaron su apoyo frente al Palacio Presidencial. Mursi salió al balcón y se dirigió a sus partidarios, ante los cuales dijo que no tiene intención de apelar a los poderes excepcionales que se otorgó, pero que lo hará si ve el país en peligro (ver "Opinión").

La ampliación del poder de Mursi es resistida por miles de activistas sociales y de izquierda, que participaron en las protestas de la Primavera Árabe que concluyó con el derrocamiento de Hosni Mubarak en febrero de 2011. Los opositores acusaron al mandatario de haberse proclamado "faraón" y de traicionar el espíritu de apertura democrática que infundió la revolución contra el antiguo régimen. De hecho, los movilizados cantaban "¡Mursi es Mubarak, revolución por todos lados!".

La controvertida decisión provocó su primera víctima política, con la renuncia al gabinete del asesor presidencial de Asuntos para el Cambio Democrático, el intelectual copto (cristiano) Samir Morqos.

Decisión controvertida

Por medio de un decreto, Mursi se puso por encima del Poder Judicial (con el que tiene constantes choques) y dispuso que ningún tribunal ni otra autoridad pueden disolver la polémica Asamblea Constituyente que debe redactar la nueva Carta Magna para reemplazar el texto que rige provisoriamente desde la caída de Mubarak.

Los miembros cristianos y progresistas del cuerpo constitucional renunciaron días atrás, tras denunciar la intención de los Hermanos Musulmanes y de los salafistas, de tendencia radical, de sacar adelante un texto que imponga estrictas prácticas islámicas orientadas hacia la Sharía (la ley musulmana), dar más poder a los religiosos y restrinja las libertades individuales.

El líder egipcio, que asumió un papel clave en la reciente negociación que llevó a la tregua entre Israel y Hamás, también decidió que no estará sujeta a ninguna apelación ante la Justicia o ante otra autoridad ninguna de las decisiones que haya tomado desde que asumió, en junio, hasta que se adopte la próxima Constitución y se elija un nuevo Parlamento, lo que ocurrirá el segundo trimestre de 2013.

Ante la nulidad de los mandatos de los diputados por un fallo judicial del 30 de junio, Mursi detenta la autoridad parlamentaria. (DPA-AFP-Télam)