¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza cuando te mencionan el parque 9 de Julio? Probablemente sean los sectores de alrededor del lago San Miguel, o los bares; tal vez la fuente luminosa, esa que da la bienvenida al principal paseo verde que tenemos los tucumanos en nuestra capital, o la pequeña estación del trencito que lo recorre, o el cautivante reloj.
Que pensés en esos lugares tiene una razón de ser: son precisamente los sectores más concurridos los días de fiesta o los fines de semana comunes y corrientes. Sin embargo, el enorme pulmón diseñado por el ingeniero francés Carlos Thays guarda una infinidad de rincones que vale la pena descubrir y visitar. Por supuesto, serán muchos más que los que te presentamos nosotros, pero esperamos que la próxima vez que vayas, ya sea en auto, en bici o a pie, te animes a explorarlo a fondo y encontrar esos mundos que se esconden entre calles, árboles y palmeras para cumplir el sueño de su diseñador: que el usuario se sienta inmerso en el mundo total de la naturaleza.
La arquitecta, docente y estudiosa del paseo público Olga Paterlini de Koch admite que hay ciertos sectores que se utilizan mucho más que otros "desconocidos", en relación con su mayor o menor accesibilidad. Sin embargo, considera que el parque es usado al tope de su capacidad.
El parque 9 de Julio fue inaugurado en 1916 para los festejos del centenario de la independencia. Una vez que la provincia consiguió las 400 hectáreas de tierra que implicaba el proyecto original, convocaron al ingeniero Carlos Thays, autor en Buenos Aires del jardín Botánico, los jardines de Palermo, la plaza del Congreso, el parque Lezama y en Córdoba del parque Sarmiento, entre varias otras obras en todo el país, quien dibujó en una tela, con acuarela, su proyecto para el Gran Parque 9 de Julio. De esa idea primera solo se logró desarrollar una parte mínima, aproximadamente 140 hectáreas, en el sector norte.
"Las 400 hectáreas del proyecto inicial estaban destinadas a unos 80.000 habitantes. Hoy, con 140 hectáreas, el parque tiene que recibir las visitas de más de un millón, teniendo en cuenta que también lo utilizan los vecinos del conurbano. Por eso, yo digo que el parque se sobreutiliza", analiza Paterlini. Es que, todo el sector sur nunca llegó a construirse y se entregaron las tierras a manos privadas, como en el caso de los clubes, la Terminal de Ómnibus y el ex aeropuerto. En esas áreas, Thays pensó en construir un gran lago, un zoológico y un vivero.
De todos modos y a pesar de ser chico en relación con la cantidad de usuarios, todavía quedan en el parque 9 de Julio sectores vírgenes que aún no han sido planificados ni resueltos. "Un claro ejemplo es toda el área cercana al ex Club Hípico.
Desde su inauguración y hasta 1940, al paseo se le fueron agregando elementos, entre ellos la famosa pérgola y el rosedal y la fuente luminosa. Según la arquitecta, se lo hizo con gran criterio, en una buena interpretación del plan de Thays. En otros casos, se hicieron intervenciones mínimas, como las pistas de salud, no siempre acorde al uso y las necesidades de los usuarios. "Proyectar el espacio público no es tarea sencilla. Hay que estudiar muy bien para generar las áreas que la población requiera. El parque ha quedado chico y se hace necesario tener más parques, acordes a nuestra vida actual", señala la especialista.