Sobre gustos hay muchísimo escrito. Bibliotecas y bibliotecas. Lo impredecible es el comportamiento del público. Los consumidores, si se prefiere usar el término, tan antipático como irrefutable. El fin de semana pasó inadvertida la visita del talentoso Baltasar Comotto, guitarrista de Luis Alberto Spinetta y del Indio Solari. Mereció un marco infinitamente mejor en el Nesta. Una lástima. Comotto y su banda premiaron a los asistentes con un gran show, de casi dos horas de duración. Profesionalismo puro, y mucho amor por el rock.
¿Tienen razón entonces los productores, tan criticados por ir a lo seguro? ¿No merecía Jon Anderson un lleno total en el teatro San Martín, en lugar de los claros que se multiplicaron por plateas y palcos aquella noche? Tampoco le sobró gente a la convocatoria de Serrat y Sabina en Atlético este año. Al contrario.
Se reclama con insistencia la puesta en escena de espectáculos de calidad, pero ni la infraestructura ni los bolsillos están a la altura. Es lógico que en las giras de la mayoría de los artistas Córdoba figure como el puerto más alejado de Buenos Aires. Y ojo: el maravilloso Orfeo Superdomo, templo de los shows cordobeses, suele trabajar al 60 o 70% de su capacidad. Y varias veces con mucho menos.
Es un negocio con demasiadas conjeturas y variables. Cachets, alquileres, que no llueva, que no haga calor, el bendito humor social, los precios de las entradas. Mucho para Tucumán.