¿Cuántos delitos se cometen por día en la capital tucumana? La pregunta abre un abanico de respuestas, todas arbitrarias, porque no hay estadísticas confiables que permitan análisis más claros que la percepción de la inseguridad. La ministra de Seguridad nacional, Nilda Garré, reconoció hace días en Tucumán que un tema de gran preocupación es "el delito callejero, urbano, permanente, que tiene menor entidad pero que genera mucha angustia en la población". Esa angustia no se traduce en cifras concretas.
Si no hay estadísticas, ¿de qué se agarra la Policía para organizar su trabajo? De las denuncias no, porque nadie sabe cómo se manejan y reciben los reclamos de los vecinos en las comisarías: ante una investigación de los estudiantes de la escuela técnica del Barrio Juan XXIII ("La Bombilla") en nuestro suplemento "Nosotros lo hicimos", un policía de la seccional 6a dijo que reciben entre 10 y 50 denuncias de delitos por día. Si consideramos (arbitrariamente) que "La Bombilla" no es peor que otras zonas complicadas de la ciudad (a fin de cuentas, tiene más policías que ningún otro sector capitalino, ya que en su seno está el ex Instituto Cardiovascular, lleno de agentes; y muy cerca, la Jefatura, también atiborrada de uniformados, además de los 24 efectivos que trabajan a diario en la seccional 6a), y extrapolamos esas cifras a cada una de las 14 comisarías de la capital, podríamos decir que en un día muy seguro habría 140 denuncias, y una jornada muy insegura tendría 700 denuncias.
Si a esto le aplicamos (también arbitrariamente) otra extrapolación a partir de la encuesta de victimización que acaba de hacer Zuleta Puceiro en Corrientes, en la que se señala que la gente denuncia sólo el 40% de los delitos (y la expusieron muy contentos porque es una tasa de denuncia altísima), habría que pensar que los días seguros, en San Miguel de Tucumán, habría 224 delitos y en las jornadas inseguras, 1.120.
Pero, claro, en Tucumán no se hacen encuestas de victimización. Lo cual no quiere decir que no hagan falta: la relación entre la percepción de la gente y los informes que tiene la Policía se muestra siempre inversamente proporcional. Este año fue muy clara la diferente percepción entre lo que reclamaban los asustados vecinos del Barrio Sur y lo que respondían los tranquilos jefes de la comisaría 2a; o la inquietud entre los ciudadanos que ven al parque 9 de Julio como muy inseguro (lo cual se corroboró con las publicaciones de asaltos y ataques allí) y la aseveración policial de que, gracias a las 30 cámaras de vigilancia, ahí no pasa nada irregular que genere inquietud.
En Corrientes apuestan a trazar mapas de delito a partir de las encuestas y las denuncias en comisarías y en el número 911 para pedir auxilio a la Policía. En Tucumán se ha anunciado el 911 hace un año pero aún se sigue trabajando con el 101, que recibe un 99% de falsas llamadas y un 1% de denuncias, y que no tiene sistema de rastreo para evitar las bromas. El Ministerio de Seguridad acaba de repartir celulares entre 48 referentes barriales para pedir que se hagan denuncias directamente a los jefes de comisarías.
Nada de esto ayuda a salir de la trampa de la percepción. Como no se puede calcular la llamada "cifra negra" -que es lo que no se denuncia- y como la falta de claridad permite la arbitrariedad, usan la percepción los que critican la inseguridad, y también la usan los funcionarios para argumentar a su favor.
Pero así nunca cambian las cosas: el juez Raúl Zaffaroni, cuando presentó en Buenos Aires (en 2011) el estudio sobre delitos de 2010 que hizo la Corte Suprema en Capital Federal, dijo que "es momento de comenzar a ocuparnos del daño real del delito; y para cuantificarlo y monitorear los niveles de violencia en la sociedad hay que potenciar la investigación criminológica de campo. Nadie puede prevenir lo que desconoce".