Su rostro está asociado con el sufrimiento. Cada vez que alguien nombra a Barbarita Flores es porque algo malo sucedió y ayer no fue la excepción. Durante la siesta, su hermana la llamó al celular para avisarle que estaban atacando a su papá. Ella estaba en el barrio Néstor Kirchner, a unas 15 cuadras de la casa de sus padres, donde cuidaba la casilla que le entregó el gobierno. "No daba más de los nervios, me subí a un carro que me trajo hasta acá; yo lloraba", le contó la joven 19 años.
El ataque comenzó a las 15. La familia Flores dormía la siesta cuando empezaron a llover las piedras sobre su casa. Adentro estaban Samuel Flores, su esposa Carmen Jiménez y tres de sus cuatro hijas mujeres. Afuera -según afirmaron- aguardaban la vecina de enfrente junto a sus hijos y un grupo de personas que lanzaban piedras e insultos. Todos salieron a ver qué pasaba, pero los agresores preguntaron por Samuel. "Cuando salí, me gritaban y me tiraron una piedra a la cara. Yo me corrí y casi le pega a mi hija embarazada, entonces salí disparando para que no la golpeen a ella", relató el hombre. Pero lo alcanzaron antes de llegar a la esquina. Según el padre de Barbarita, los individuos tenían un arma tumbera y un revólver que dispararon, pero el tiro nunca salió.
Samuel había recibido dos heridas con una punta. La remera que vestía tenía un corte de unos 20 centímetros que dejaba ver un raspón a la altura de las costillas. En su mano derecha, además, una venda le cubría una herida profunda. "Me dijeron en el CAPS que me tienen que hacer cinco puntos, pero no quiero ir al hospital porque tengo miedo de dejar a las chicas solas".
En los medios
Carmen aseguró que la bronca de los vecinos recrudeció con la reciente aparición de su hija en los medios. "Desde que la Barby salió en LA GACETA comenzaron los insultos porque además de ayudarla a ella me mandaron cosas a mí para que termine de arreglar mi casa; la envidia los tiene mal", explicó. Barbarita coincidió con su mamá. "Cuando me vieron en el programa de (Jorge) Lanata se enfurecieron. Me dijeron que deje de hacer pasar vergüenza al barrio y que donde me encuentren me van a agarrar".
Las constantes agresiones y amenazas preocupan a Samuel. "Lo más probable es que termine vendiendo mi casa y me vaya porque no se puede estar así. Cada vez que tenemos la suerte de que a Barby le dan una mano, empeoran las cosas. Un día me van a matar a uno de mis hijos y nadie se va a hacer cargo", protestó el hombre, que estaba indignado con los uniformados de la seccional 8ª. Contó que, en medio de la trifulca, llegaron cuatro policías. Dos se quedaron a custodiar la casa y otros dos acompañaron al matrimonio a la comisaría. Mientras esperaban que les tomaran la denuncia policial, sus hijas le avisaron por teléfono que los uniformados se habían retirado de la vivienda y que los vecinos rondaban, por lo que desistieron y regresaron a cuidarlas.