Me daba un poco de vergüenza la pregunta, pero al final tomé coraje: "padre Martín, ¿es malo comprarse mucha ropa y estar pendiente de la moda cuando hay tantas personas que no tienen qué ponerse?" "¿Y a vos te gusta estrenar vestidos?", me respondió con cierta picardía. "Y... sí, como a cualquier chica", le contesté con timidez, hace ya un par de décadas. "¡No tienes por qué sentirte mal! Si tienes dinero para hacerlo, pues hazlo... No le haces mal a nadie. Solo debes tener cuidado en una cosa: en no acumular riqueza, porque eso no agrada al Señor cuando hay tantos pobres. Debes tener en tu ropero solo los vestidos que vayas a usar. Si te compras uno, pues regala el más viejito a quien lo necesite, y así siempre te sentirás buenamoza y ayudando a los demás", me dijo guiñándome un ojo.
El padre Martín Martín Martín tenía esa sabiduría de llevar el Evangelio a la vida diaria y al plano de lo posible. Sus enseñanzas eran como "truquitos" que hacían pensar que no era tan difícil seguir a Jesús.
Este mes, el que también es el de Todos los Santos, el padre Martín hubiera cumplido 89 años. Había nacido el 11 de noviembre de 1923. Murió el año pasado.
En tiempos de materialismo extremo, cuando las vidrieras atraen como imanes ¡qué difícil es resistirse a la engañosa promesa de felicidad de un vestido! Y en esto recordar lo que decía la Madre Teresa: "el dinero solo puede comprar cosas materiales. Pero se necesita algo más. Hay males que no se pueden curar con dinero, sino solo con amor".