Nueve sitios de Internet fueron mandados a bloquear por la Justicia argentina, ya que daban instrucciones para "liberar" las netbooks que repartió el Gobierno en las escuelas. Repasando: para desalentar los robos, personal especializado de cada establecimiento debe introducir un código periódicamente en las PCs ya que, de otro modo, se vuelven inutilizables. Paralelamente aparecieron tutoriales para destripar las compus e inyectarles la poción de la vida eterna. Entonces, la Justicia dispuso que los proveedores de servicios de Internet (ISPs, por sus siglas en inglés) tales como Arnet, Speedy, etc.; impidan preventivamente el acceso a las nueve (de las cientos) de páginas detectadas. Es el mismo mecanismo que plantearon las leyes SOPA y PIPA para controlar la piratería en Internet: que el control lo ejerzan los proveedores, que en definitiva son los mayores beneficiarios del negocio.
Si los gobiernos ahora tienen la facultad para meter mano en el paraíso libertario que fue Internet, ¿no sería bueno, entonces, que controlaran las interminables trampas que hoy aloja la web? El internauta novato (como la viejita de la publicidad, a quien una página le dice que se ganó una tablet) corre serios peligros: los botones lo llevan a donde no pide, se roban contraseñas, datos personales, números de celular... y esto nadie lo controla. Por estos tiempos, Internet debería ser usado con precaución, al menos hasta que se blanquee si está liberado o sujeto a controles de los Estados.