Con la elección del 30 de octubre de 1983, el voto directo encumbró a los cinco diputados nacionales por Tucumán, en una de las cámaras del Congreso. En cambio, la designación de los dos senadores nacionales fue producto de la decisión de la Asamblea Legislativa provincial.
Esta elección indirecta fue prescripta por la Constitución Nacional de 1853, hasta la reforma de 1994. Ese año se instituyó la existencia de tres senadores por distrito, surgidos de la voluntad popular. Antes de 1994, la enmienda Lanusse -que sólo rigió en 1973- habilitó la elección popular de tres senadores: Luis Salas Correa y Eduardo Paz (Frejuli), y José Salmoiraghi (gelsista).
Espacio de presión
Fernando Riera -al igual que otros gobernadores peronistas- calibraba bien el poder de presión y negociación que daba el Senado a las provincias no radicales, cuando la democracia arrancaba de cero.
La cobertura y creación de juzgados federales interesaba a los caudillos provinciales. Riera, como viejo zorro de la política, conocía que el Senado era el filtro por donde debían pasar los candidatos a jueces. La composición de esa Cámara había sido hostil a los gobiernos radicales de Yrigoyen y de Alvear. Alfonsín no escapó a esa regla y debió acordar con el PJ..
Las recompensas
La Asamblea Legislativa se reunió el 26 de noviembre. Entonces, nadie discutía el liderazgo de Riera. Así fueron consagrados senadores Ramón Adrián Araujo y Olijela Rivas, propuestos por el peronismo. La UCR jugó sus cartas por Julio Romano Norri y Emilio De Mitri, mientras que Vanguardia Federal postuló a Carlos Umana y Lázaro Barbieri. El mandato de Araujo vencía en 1989 y el de Araujo en 1992.
Rivas había sido una eficiente operadora del rierismo, mientras que Araujo, al renunciar a su precandidutra a gobernador en julio de 1983, le despejó el camino a Riera.
Araujo -una figura con predicamento en el PJ- era vicepresidente primero del Senado, cuando falleció el 4 de junio de 1985, en Buenos Aires.
El descontento
Dos años no pasaron en vano en el interior de la heterogénea coalición rierista. La sesión del congreso peronista del 12 de junio, que debía elegir el candidato a ocupar el escaño vacante, fracasó por falta de número.
Ante eso, el opositor Raul Penna cuestionó la ausencia de los asalariados de la democracia, en alusión a legisladores y concejales. Oscar Sarrulle, también opositor, afirmaba que si no hay democracia en el partido, no hay democracia en el Estado.
Por entonces, circulaban varios nombres, entre ellos los de Miguel Nazur y José Domato, pero Arturo Jiménez Montilla emergía como el favorito de la Casa de Gobierno. El diputado Nazur se borró de la carrera.
Sin embargo, el deseo del gobernador suscitó resistencias en el congreso del PJ. Riera no quería rebeliones dentro de sus filas. Como consecuencia de ello, un grupo de legisladores de confianza, les advirtió que Jiménez Montilla era su elegido y que a Domato, Nazur y Ernesto Corbalán -presidente del bloque oficialista del Senado- los necesitaba en Tucumán. Pero la agitación interna no se acalló.
El congreso partidario consiguió quórum el 17. El descontento con el dedo de Riera afloró vivamente. Corbalán sumó 32 voluntades contra 16 de Jiménez Montilla, en votación secreta. Hugo Lazarte, que avalaba a Jiménez Montilla, planteó que el mandato del bloque senatorial tenía carácter imperativo. De ese modo, desautorizaba a Corbalán. Néstor Varela reivindicó la libertad de los diputados para obrar como congresales. Sarrulle dijo que el voto secreto protegía de las presiones rieristas.
Marcha atrás
La votación del congreso motivó diálogos entre Riera y los asambleistas. El gobernador le ratificó a Corbalán que su candidato era Jiménez Montilla Al reiniciarse el congreso, Corbalán anunció que renunciaba a su postulación para no obstaculizar una solución. Se votó otra vez, en forma secreta. Hubo 26 votos en blanco y sólo 12 por Jiménez Montilla. El voto en blanco exteriorizó el rechazo al verticalismo de Riera y a su postulante. La Asamblea Legislativa eligió senador a Jiménez Montilla con 32 votos del PJ. Aurora Prado de Pisarello sumó 20 votos de los radicales y de dos gelsistas, en tanto que Elena Guraiib de Ahualli consiguió el voto del senador radical Segundo Albarracín.