Cuando la agresión, la violencia, la intolerancia se perciben casi a diario en diferentes ámbitos, significa que algo preocupante está sucediendo en la sociedad. Estas se manifiestan, por ejemplo, en la calle, en los establecimientos educativos, en las canchas de fútbol. Lo lamentable es que han llegado a instituciones, cuyos integrantes deberían ser un modelo donde la comunidad se reflejara. En la mañana de ayer, durante la reunión de la comisión de Obras Públicas del Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán, dos ediles oficialistas protagonizaron una escena de pugilato. Testigos del bochornoso episodio señalaron que en cuestión de segundos, los representantes del pueblo pasaron de los insultos a las manos.

Al parecer, la disputa partió de la presentación de una iniciativa que busca la cesión de una excepción al Código de Planeamiento Urbano para una vivienda de Ecuador al 3.000. Uno de ellos, seguidor del intendente, planteó la necesidad de otorgarle el dictamen favorable de la comisión, mientras que el otro, adepto del gobernador, dijo que el asunto merecía un mayor estudio. Se trenzaron entonces a puñetazos y un tercero logró separarlos. Luego el presidente del Concejo los regañó por su comportamiento. Finalmente, los pugilistas se dieron las manos.

No es la primera vez en lo que va del año que se produce un incidente entre representantes del pueblo. En una sesión de la Legislatura de agosto pasado, en la que se trataba la ley sobre el cierre definitivo de los prostíbulos, una legisladora expositora recibió una crítica de un par de la oposición; ella le respondió que era un caradura y este planteó una cuestión de privilegio contra la alperovichista. En ese momento, otro legislador oficialista se involucró en la disputa y acusó al opositor de "maricón" y lanzó otros improperios de gruesos calibres. El afectado se quejó con el presidente de la Cámara. "¡Me está tratando de maricón!", dijo. La autoridad contestó que no había escuchado esas expresiones. "No veo que lo estén agraviando", sostuvo desde el estrado. El afectado inició cuestiones de privilegio que fueron desestimadas por la comisión de Asuntos Constitucionales. Finalmente, el legislador oficialista le pidió públicamente perdón a la comunidad por sus exabruptos, pero no hizo lo mismo con su insultado par.

En los últimos años, venimos asistiendo a brotes de intolerancia que tienen su caja de resonancia en los medios. Muchos de los representantes del pueblo, así como funcionarios de elevado rango, se descalifican públicamente de la peor manera. Los constantes agravios personales entre aquellos que sostienen posiciones políticas diferentes, ponen en evidencia una incapacidad para debatir ideas.

Si bien este vergonzoso incidente entre los dos ediles no sucedió en el recinto, sino durante una reunión de comisión, no deja de ser menos deplorable. Los políticos elegidos por la comunidad deben tomar conciencia de que deben dar constantemente el ejemplo de integridad, decencia y respeto. Si un padre les inculca a los hijos que no deben pelear en la escuela y él lo hace en su trabajo, qué enseñanza recibirán ellos.

Por lo general, los protagonistas de la intolerancia suelen ser aquellos que no han aprendido a convivir con las diferencias y apelan a las descalificaciones y a los golpes para dirimir un asunto. La clase dirigente debe entender que no sólo se trata de ser, sino también de parecer lo que se es y se predica.