¿Habrá condena? ¿Quién está más complicado? ¿Son inocentes? ¿Qué pasará con María Jesús Rivero? ¿Marita está en España? ¿"El Chenga" Gómez tuvo un hijo con ella? ¿Marita vive? ¿Qué va a pasar con "La Mamá Lili"? ¿Daniela Milhein es culpable? ¿Y el hermano de Jesús Rivero? ¿Por qué no investigan a "La Chancha" Ale? ¿Julio Miranda sigue sin aparecer?... estas y otras tantas preguntas son las que se escuchan en la calle, en el café, en los bares, en el súper, en la sobremesa, en todos lados y cada vez con más fuerza, porque se acerca el final del juicio.
La mayoría de los tucumanos ya tiene una postura tomada sobre el caso Marita Verón y, en base a ese criterio personal, suele arriesgar respuestas para cada interrogante. Es probable que, en una semana, se conozca el fallo de los jueces Alberto Piedrabuena, Eduardo Romero Lascano y Emilio Herrera Molina. A diez años de la desaparición de Marita Verón, la presión política y social es muy fuerte. El caso se convirtió en un emblema de lucha contra la trata de personas, a partir del andar incansable de Susana Trimarco, que no dudó en golpear todas las puertas necesarias hasta ser escuchada. Sin embargo, lo que decidirán los jueces debe atenerse exclusivamente a lo que figura en el expediente judicial.
Desde febrero, cuando empezó el proceso oral y público, se escucharon varios testimonios de víctimas de la trata. Con palabras crudas, estas mujeres relataron los tormentos de su vida en cautiverio. Estas declaraciones le corrieron el velo a un submundo que parecía oculto, pero que ahora está a la luz con detalles sobre cómo se mueven los hilos de la noche en los prostíbulos con sus "doñas" sumando los "pases" por cada turno, controlando los movimientos de las "coperas", y llamando a nuevos "clientes".
En febrero, Susana Trimarco se sentó frente al tribunal y puso en blanco los vínculos del poder con los prostíbulos. Acusó con nombre y apellido al engranaje de un sistema que funciona aceitadamente con ciertos padrinazgos políticos. Acusó a Julio Miranda (era el gobernador de Tucumán en los tiempos en que se perdió el rastro de Marita), a Ernesto Baaclini (era el secretario de la fiscalía, a cargo de la investigación), y a Rubén "La Chancha" Ale (era amo y señor de la remisería Cinco Estrellas), entre otros. Lo que hasta hace unos años no se sabía ni cómo se llamaba, hoy tiene un nombre: trata de personas.
José "Chenga" Gómez, su hermano Gonzalo Gómez y su madre Lidia Irma Medina admiten que manejaron las whisquerías de La Rioja. Pero niegan que Marita haya pasado por alguno de esos locales como "El Desafío" y "Candy". Las acusaciones contra los 13 imputados se basan en testimonios de mujeres que fueron recuperadas por la Fundación María de Los Ángeles. Así quedó demostrado en los alegatos de los abogados querellantes Carlos Varela Alvarez y José D'Antona. Los defensores de los imputados, por su parte, intentan desmoronar la teoría del secuestro, como lo expuso Cergio Morfil (defensor de María Jesús Rivero). Los abogados de los acusados apuestan a dañar la credibilidad de los testigos.
Esta semana se completan los alegatos de los defensores y, luego, llegará el tiempo de la reflexión para los magistrados. La intención de los jueces es dictar sentencia el martes 12. Una década pasó sin Marita Verón, una mujer sin rastro, pero con un nombre que ya es un emblema de lucha. Una joven madre que se refleja ahora en el rostro de Micaela, una adolescente con suficiente coraje como su abuela para gritar: "No a la trata". Al momento de la sentencia, el país pondrá los ojos en la Justicia de Tucumán. Hasta entonces, vuelve el mismo interrogante: ¿habrá condena?...